Puentes de Cristal

Cris Cam

Poeta adicto al portal
Abrir los ojos, apenas, para recibir las resolanas vaporosas del bosque.
Entre aullidos de hermanos lobos
y crujir de otoñales hojarascas.
Apretar los brazos por debajo del peto de bronce.
Respirar, suavemente,
para oír los cascos del caballo,
crispar los durmientes del puente del cristal,
que llevan al palacio mágico.
A ella Madmoiselle Juliette, la dulce campesina,
a la Torre del Ala Norte,
donde reposan los caballeros de la reina de la fantasía.

Abrir los ojos, apenas, para recibir los reflejos del mar del este.
Entre volar de gaviotas
y saludos de delfines,
Apretar los brazos por debajo del timonel de roble.
Respirar, rítmicamente,
para oír el flameo de las velas,
surcando el derrotero de escuadras,
que llevan al otro lado del mar,
a ella la Bushibu Kiku, la Geisha Azul,
al Honorable Campamento del Sol,
donde residen los Samurai Imperiales, del Imperio Celeste.

Abrir los ojos, apenas, para recibir los vientos de las rutas de Arizona.
Entre coyotes extinguidos y espinos de silicio.
Apretar los brazos por debajo de la chaqueta de cuero.
Respirar, agitadamente,
para oír los soplidos de la Harley,
retumbar las piedras del Gran Cañón,
que llevan a ella, Mrs. Mary, la complaciente camarera,
al motel Cuatro Corazones,
donde reposan los Libres Motoqueros del as de diamante.

Abrir los ojos, apenas, para no percibir al monstruo de baba.
Entre cucarachas aplastadas y gemidos de ratas,
Apretar los brazos contra el respaldar, mordiendo la almohada.
Respirar fuertemente,
para no oír los rechines de los flejes,
inundar de ecos la oscura pieza de la calle Salta,
que es donde ella, La Roxana, trabaja sobre una sucia sábana.
Donde buscan cerveza y vaginas alquiladas;
los pobres expoliados de la Reina del Plata.

Preguntarse, una y otra vez, inútilmente,
donde se consiguen los zapatitos de cristal.
 
Bienvenido, Cris, buen inicio en el Portal compartiendo este abrir de ojos a todos los mundos imaginados y al final con el mundo presente y agobiante.

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Maramín tendremos que ver si el resto de los poemas son tan bien vistos. Tengo muchos cursis (y sé el valor que la crítica literaria le asigna a la palabra), otros de amor, algunos sociales, unos pocos combativos. Espero que cuando algo desagrade me lo digan y no, como me pasó hace mucho en un supuestamente muy prestigioso foro, me invaliden la cuenta.
 
Abrir los ojos, apenas, para recibir las resolanas vaporosas del bosque.
Entre aullidos de hermanos lobos
y crujir de otoñales hojarascas.
Apretar los brazos por debajo del peto de bronce.
Respirar, suavemente,
para oír los cascos del caballo,
crispar los durmientes del puente del cristal,
que llevan al palacio mágico.
A ella Madmoiselle Juliette, la dulce campesina,
a la Torre del Ala Norte,
donde reposan los caballeros de la reina de la fantasía.

Abrir los ojos, apenas, para recibir los reflejos del mar del este.
Entre volar de gaviotas
y saludos de delfines,
Apretar los brazos por debajo del timonel de roble.
Respirar, rítmicamente,
para oír el flameo de las velas,
surcando el derrotero de escuadras,
que llevan al otro lado del mar,
a ella la Bushibu Kiku, la Geisha Azul,
al Honorable Campamento del Sol,
donde residen los Samurai Imperiales, del Imperio Celeste.

Abrir los ojos, apenas, para recibir los vientos de las rutas de Arizona.
Entre coyotes extinguidos y espinos de silicio.
Apretar los brazos por debajo de la chaqueta de cuero.
Respirar, agitadamente,
para oír los soplidos de la Harley,
retumbar las piedras del Gran Cañón,
que llevan a ella, Mrs. Mary, la complaciente camarera,
al motel Cuatro Corazones,
donde reposan los Libres Motoqueros del as de diamante.

Abrir los ojos, apenas, para no percibir al monstruo de baba.
Entre cucarachas aplastadas y gemidos de ratas,
Apretar los brazos contra el respaldar, mordiendo la almohada.
Respirar fuertemente,
para no oír los rechines de los flejes,
inundar de ecos la oscura pieza de la calle Salta,
que es donde ella, La Roxana, trabaja sobre una sucia sábana.
Donde buscan cerveza y vaginas alquiladas;
los pobres expoliados de la Reina del Plata.

Preguntarse, una y otra vez, inútilmente,
donde se consiguen los zapatitos de cristal.
Es un mundo de fantasía con bastantes tintes reales. Saludos cordiales, Cristian Camila.
 
Ahora me doy cuenta que tenía que ir de atrás hacia adelante. Primero lo poemas menores, y luego de un tiempo los más queridos.
Un Abrazo.
Los primeros míos eran numerados y tampoco los posteaba en orden. Abrazo.
 
Abrir los ojos, apenas, para recibir las resolanas vaporosas del bosque.
Entre aullidos de hermanos lobos
y crujir de otoñales hojarascas.
Apretar los brazos por debajo del peto de bronce.
Respirar, suavemente,
para oír los cascos del caballo,
crispar los durmientes del puente del cristal,
que llevan al palacio mágico.
A ella Madmoiselle Juliette, la dulce campesina,
a la Torre del Ala Norte,
donde reposan los caballeros de la reina de la fantasía.

Abrir los ojos, apenas, para recibir los reflejos del mar del este.
Entre volar de gaviotas
y saludos de delfines,
Apretar los brazos por debajo del timonel de roble.
Respirar, rítmicamente,
para oír el flameo de las velas,
surcando el derrotero de escuadras,
que llevan al otro lado del mar,
a ella la Bushibu Kiku, la Geisha Azul,
al Honorable Campamento del Sol,
donde residen los Samurai Imperiales, del Imperio Celeste.

Abrir los ojos, apenas, para recibir los vientos de las rutas de Arizona.
Entre coyotes extinguidos y espinos de silicio.
Apretar los brazos por debajo de la chaqueta de cuero.
Respirar, agitadamente,
para oír los soplidos de la Harley,
retumbar las piedras del Gran Cañón,
que llevan a ella, Mrs. Mary, la complaciente camarera,
al motel Cuatro Corazones,
donde reposan los Libres Motoqueros del as de diamante.

Abrir los ojos, apenas, para no percibir al monstruo de baba.
Entre cucarachas aplastadas y gemidos de ratas,
Apretar los brazos contra el respaldar, mordiendo la almohada.
Respirar fuertemente,
para no oír los rechines de los flejes,
inundar de ecos la oscura pieza de la calle Salta,
que es donde ella, La Roxana, trabaja sobre una sucia sábana.
Donde buscan cerveza y vaginas alquiladas;
los pobres expoliados de la Reina del Plata.

Preguntarse, una y otra vez, inútilmente,
donde se consiguen los zapatitos de cristal.
Muy original Cris, grato leerte
 
De vez en cuando le hago a la arqueología. Saludos, Cris.
Vuelvo a citarlo para decirte que ya comencé a escribir una nueva novela, una página parece algo, porque fue en el mismo tiempo en que antes escribía 10. Cuando tenga un capítulo lo haré saber, sólo que no sé cuando ocurrirá si dentro de una semana o un mes. ¡Carajo!, mis tiempos, como mis huesos han cambiado.
 
Vuelvo a citarlo para decirte que ya comencé a escribir una nueva novela, una página parece algo, porque fue en el mismo tiempo en que antes escribía 10. Cuando tenga un capítulo lo haré saber, sólo que no sé cuando ocurrirá si dentro de una semana o un mes. ¡Carajo!, mis tiempos, como mis huesos han cambiado.
Mientras no cambie la sustancia, todo bien. Saludos, Cris.
 
Mientras no cambie la sustancia, todo bien. Saludos, Cris.
Ah, amigo, ¡eso habrá que verlo!, no soy bueno para la autocrítica. de hecho aquí son más populares mis poemas y cuentos algo colaterales que los que y considero estimados.
Y como ya tenemos algún tiempo, mi verdadero nombre es Daniel Guillermo. Un abrazo.
 

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