Respiro el fuego de mi alma,
mi piel palidece ante los libros
y el canto continuo de los días.
La vida marco
tantos surquitos en mi cara
que en momentos
no me parece mía,
pero siente como siempre,
con los mismos recuerdos,
las mismas alegrías
que araron con todo su peso
las palabras,
los lloros,
las luces,
las madrugadas…
clavándose cada una
en mi alma ya marcada
de mas arrugas que mi cuerpo
y curtida para siempre,
pero no insensible.
Se mantiene mas flexible
que nunca.
No habló la ambición,
se sentó a veces triste,
no por los recuerdos
sino por el presente
que mi boca no lo dice
pero mi corazón grita
por no saber coger
lo que había fuera
de dolor y de amor;
sin poder abrazar cada día
la leve sombra
y el canto de otros corazones
que si tenían
las puertas abiertas.
mi piel palidece ante los libros
y el canto continuo de los días.
La vida marco
tantos surquitos en mi cara
que en momentos
no me parece mía,
pero siente como siempre,
con los mismos recuerdos,
las mismas alegrías
que araron con todo su peso
las palabras,
los lloros,
las luces,
las madrugadas…
clavándose cada una
en mi alma ya marcada
de mas arrugas que mi cuerpo
y curtida para siempre,
pero no insensible.
Se mantiene mas flexible
que nunca.
No habló la ambición,
se sentó a veces triste,
no por los recuerdos
sino por el presente
que mi boca no lo dice
pero mi corazón grita
por no saber coger
lo que había fuera
de dolor y de amor;
sin poder abrazar cada día
la leve sombra
y el canto de otros corazones
que si tenían
las puertas abiertas.