Lírico.
Exp..
Puertas
Se van abriendo puertas a tu paso
que desmienten antiguos callejones
donde tus esperanzas se encontraron
un día sin salida. La constancia
es una luz que, tenue, te ilumina
como un poco de sol encaramado
a la última cornisa de la tarde.
No existen las barreras para el terco
anhelo de cuidar un horizonte
lejano pero cálido. Las horas
pueden ser aliadas con sonrisas
que no se desbaratan, por prudentes.
La plata del aplomo bien merece
amontonar paciencia en su humildad.
Seguimos, si valientes, ese cauce
de un pálido trabajo, si sereno,
cuando nuestro deseo se corrige.
No esperes de los cielos más caudal
que aquel atesorado con tu pulso,
ni mientas al destino con zozobras
si asoma tanto amor por la ventana.
Escucha con pausada fruición
cómo está tu experiencia ya desnuda
cargando en sus dos manos el momento.
Avanza entre las hojas del esfuerzo;
desbroza ya sin prisa tus cadenas;
adquiere, moderado, el vivo ejemplo
de este mundo en su hermoso devenir.
Se van abriendo puertas a tu paso
que desmienten antiguos callejones
donde tus esperanzas se encontraron
un día sin salida. La constancia
es una luz que, tenue, te ilumina
como un poco de sol encaramado
a la última cornisa de la tarde.
No existen las barreras para el terco
anhelo de cuidar un horizonte
lejano pero cálido. Las horas
pueden ser aliadas con sonrisas
que no se desbaratan, por prudentes.
La plata del aplomo bien merece
amontonar paciencia en su humildad.
Seguimos, si valientes, ese cauce
de un pálido trabajo, si sereno,
cuando nuestro deseo se corrige.
No esperes de los cielos más caudal
que aquel atesorado con tu pulso,
ni mientas al destino con zozobras
si asoma tanto amor por la ventana.
Escucha con pausada fruición
cómo está tu experiencia ya desnuda
cargando en sus dos manos el momento.
Avanza entre las hojas del esfuerzo;
desbroza ya sin prisa tus cadenas;
adquiere, moderado, el vivo ejemplo
de este mundo en su hermoso devenir.