yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ese momento de atarse la nostalgia
al tiempo que se atan los zapatos
dejar el cobijo de una casa y andar casi muerto
en la espera de un vaivén,
ese buscar veranos y refugio en una tienda departamental
o en un burdel prestado y congelado,
saber que la sonrisa en el espejo en una mueca de artificio
y no te pertenece,
que no te pertenece nada
ni el espejo, ni la mueca,
ni el futuro,
ni la sombra que se aleja de ti cuando la miras.
Ese momento socarrón cuando se diluye
el hastió en la taza de café y en el cansancio,
en el reloj que da la misma hora de ayer y de mañana,
en el instante repetido en que vendiste la libertad
por besos caducados;
entonces decides salir y ponerle una mica al sol
para mirarlo todo en verde musgo,
en azul cobalto,
en prismas de agua asomándose a tus ojos.
Ese momento en que te pones la camisa de esclavo
y te enredas en el pasado victimario y punitivo,
fresco y largo como un lazo
y comienzas a caer en espirales.
Nube al fin sigues lloviendo.
al tiempo que se atan los zapatos
dejar el cobijo de una casa y andar casi muerto
en la espera de un vaivén,
ese buscar veranos y refugio en una tienda departamental
o en un burdel prestado y congelado,
saber que la sonrisa en el espejo en una mueca de artificio
y no te pertenece,
que no te pertenece nada
ni el espejo, ni la mueca,
ni el futuro,
ni la sombra que se aleja de ti cuando la miras.
Ese momento socarrón cuando se diluye
el hastió en la taza de café y en el cansancio,
en el reloj que da la misma hora de ayer y de mañana,
en el instante repetido en que vendiste la libertad
por besos caducados;
entonces decides salir y ponerle una mica al sol
para mirarlo todo en verde musgo,
en azul cobalto,
en prismas de agua asomándose a tus ojos.
Ese momento en que te pones la camisa de esclavo
y te enredas en el pasado victimario y punitivo,
fresco y largo como un lazo
y comienzas a caer en espirales.
Nube al fin sigues lloviendo.