Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Un día botaré mi piel de tímido cordero.
La botaré en tu cara sin oprobio ni respeto,
sin malicia, ni rencor, con la única intención
de tapar tus ojos y después, a ojos cerrados,
puedas sin temor oler a lo que huele un hombre,
¿lo ves? huele como tú, ¿entonces pues,
a qué le tienes miedo?, me llama la atención
hombre cabrón que siendo igual que yo
me señales con el dedo, tengo lo que tú
¿quieres verlo?
Jesús me dijo un día; búscame en las esquinas,
encuéntrame en tu corazón, somos barro,
somos polvo, cuídate de los idiotas
de lo demás te cuido yo,
entonces, por qué me juzgas y señalas con tu dedo,
¿te hace falta uno y por eso lo presume?.
El día que huelas mi piel desnuda de la borra de borrego
emparejaremos juicios, y entonces sí señor cabrón,
le haré una pregunta;
¿Qué hace usted al amparo de la oscuridad
debajo de las sábanas?
Si respondes bien, sí no lo hace y lo callas
te tengo una recomendación:
guarda tu dedo, guárdalo atrás muy bien
en donde no le de ni el viento,
entonces y sólo tal vez,
comprendas mi goce,
y sí ni así lo logra comprender,
vaya buscando un proctólogo decente,
y entonces sí, me cuidare de usted.
6ayo…. En un día como el de ayer 27.1.10
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