¡Qué corte!

HÉCTOR

Eres mi poesía; yo el instrumento inspirado.
¿Tu corte, oh Dios, me ahoga,
me condena?
¡Corte divina enfrascada en leyes
invariables
que a mi humanidad la priva!

¿Si pudiera cambiar de juez
apelaría,
mil veces siempre, al juez,
al humano?,
¡que ser exigente a lo divino!

¡Oh Dios!, que molestia la mía,
reclamar
una corte a mis anchas,
suave,
que exigirme, aunque morir, siendo tuyo.

Sí, apelaría a la humana,
te has hecho hombre,
y eso me explicaría la divina.
María me amadrina ese camino.
 
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