El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
En noches cerradas, Luz mala son
sus almas flotando cerca del piso
allí donde cayeran.
Son sus ojos,
dicen,
dos charcos escarchados
arriba del pecho todavía rejas,
mazmorra agujereada y salobre...
Sus dientes son una Luna emboscada
sobre la garganta cueva de comadrejas-
Pero, eso sí,
nadie sabe si ríen,
nadie sabe si lloran.
Menester sería dejar en paz los muertos
de una vez por todas.
Hay quien dice que van aullando noches
que arrastran cadenas terribles
pues sus deudas los han hecho
levantarse hasta del hoyo
para seguir penando.
O por haber matado o muerto en pendencias.
Y van solitarios,
de chambergo negro
poniendo nerviosos los perros,
espantando caballos.
Errantes y silenciosos hundidos en sombras,
sin el consuelo de alcohol ni tabaco.
Salí con el mate hasta la puerta.
Algunas noches me ha parecido verlo,
ojala se detenga tío Alberto
que hoy quiero saludarlo apenas,
no los distraeré con palabras,
por no conocer hacia el cielo ningún atajo.
Alzar simplemente la mano ambos,
en un saludo.
En un decirnos: “Acá seguimos.”
mientras va montado
a ese flete de sombras sin relinchos
que lo lleva,
quien sabe a donde.
sus almas flotando cerca del piso
allí donde cayeran.
Son sus ojos,
dicen,
dos charcos escarchados
arriba del pecho todavía rejas,
mazmorra agujereada y salobre...
Sus dientes son una Luna emboscada
sobre la garganta cueva de comadrejas-
Pero, eso sí,
nadie sabe si ríen,
nadie sabe si lloran.
Menester sería dejar en paz los muertos
de una vez por todas.
Hay quien dice que van aullando noches
que arrastran cadenas terribles
pues sus deudas los han hecho
levantarse hasta del hoyo
para seguir penando.
O por haber matado o muerto en pendencias.
Y van solitarios,
de chambergo negro
poniendo nerviosos los perros,
espantando caballos.
Errantes y silenciosos hundidos en sombras,
sin el consuelo de alcohol ni tabaco.
Salí con el mate hasta la puerta.
Algunas noches me ha parecido verlo,
ojala se detenga tío Alberto
que hoy quiero saludarlo apenas,
no los distraeré con palabras,
por no conocer hacia el cielo ningún atajo.
Alzar simplemente la mano ambos,
en un saludo.
En un decirnos: “Acá seguimos.”
mientras va montado
a ese flete de sombras sin relinchos
que lo lleva,
quien sabe a donde.