Que distintas pueden ser las siembras.

AgioNIMO

NEMO
Avezado del terreno
¿también serás del fruto que cosechas?
¿sin que heladas ni olas ardientes
incumben fuera de tus proezas?

En climas cálidos, sembrar la costumbre
a la hora del postre. Dulces fresas.
En tiempos fríos, impedir herrumbre
de pulmones. Las hortalizas.

Si lo dulce dejara de ser dulce,
¿Qué sentido tendrían las bellas?
Sin dejar atrás aquella actitud de azufre,
pues aburre que la puerta esté (siempre) abierta.

Espinaca y naranja,
manzana y pepino,
- ¿De distinta granja?
- ¡Valores de comino!

Melones y coliflores,
¿por qué huir de su propia siembra?
hasta la uchuva su tierra acepta,
si para gustos abundan sabores.

Ven, a tu constante feria,
y que el precio no te desaire,
pues todo es igual en la cena,
y mucho más si se comparte.

Hasta la más simple fruta,
fue obsesión de los helenos,
eso hablando de una cultura…
¿y los verdes no han sido remedios?

Retumbas como platos de abuelas,
peculiaridad que no se permuta,
unicidad, sin quien lo disputa,
singularidad, que en siembra cincelas.

Así que ven, ácida fruta,
¿las manchas negras? ¡solo estética!
tu sabor no mancilla con sintética,
tu dulzura, en mano de niño disfruta.

Decir que no es hermosa la ocasión,
el enclave de frutas y verduras,
no es mero acto de mera inclusión,
armonía que en paladar bravuras.

Y presumas de tu exclusiva embocadura,
con la madurez que el tiempo te ha traído,
y que expongas junto a otras, coyunturas,
atravesando espacios sin no haber huido.
 
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