Sommbras
Poeta adicto al portal
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Toda memoria comienza con un poco de mentira. Y toda memoria del croar de la rana, en el primer verano, es parte de un morir. Ahora todo se balancea como la estrella que se vislumbra entre esos árboles. Así, ningún amor estará muerto hasta el asesinato del último de mis recuerdos.
Recuerdo a ella, tan blanca de adentro hacia fuera, que herida de lluvia vivía. Su lluvia fue granizo, algo terrible. Ahora me abstraigo, desde esta playa con bosque, donde las olas espuman mi memoria.
Tenía delante una sonrisa con rasgos de infancia y detrás los ojos con gruesos músculos de águila. Por el día, se cerraba en un amor sin cascara. A la noche, se abría como una carcajada en la fila de la pescadería. Cuando la besabas, hervía la sensación del tiempo. Y mientras al beso le dolía el labio superior, a la piel del inferior le cansaba ser ansia. Recuerdo que el mundo se detenía entre sus sedas.
Yo la miraba olvidando su nombre, olvidando qué buscaban sus ojos, y mientras mis ojos la hacían fuego, masa para la caricia olvidada, ella de pan crujiente se vestía.
Hoy día, cuando camino por la ciudad, los nuevos amores deambulan sin miradas delante de mi cuerpo. Al rojo de los semáforos, y su silencio, se une al alma del viandante. Yo me paro con la multitud esperando el verde, y pienso "Apártate chaval, déjame verla; ya está en verde jovencito, quítate ya de la línea". Luego hay una nada detrás de los pasos que se persiguen y una nada en las espaldas que cruzan; también en las farolas de las estaciones, en los muelles, en la leche recién extraída, en los balcones de las casas, en la de las bocas que no se besan. Así luego, las llagas de la noche adquieren el color de las piedras que se enfrían, y yo me digo: ¿Qué es un amor, sino una mirada? ¿Qué es amor, sino una lucecita? ¿Qué es un beso, sino una estela? ¿Cuántos árboles son necesarios para besarla?
Ay, amor, no me hagas odiar al hombre que veo en este espejo, porque soy un buen cordero, que un lucero es un poema y soy pez sin alas; déjame sentir que siempre queda la noche de mañana sin canción que acongoje mi corazón.
Ay, amor, deberás ya de bajarte de la estrella que, desde la nebulosidad de mis ojos, se derrumba sobre este papel.
Chus
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Toda memoria comienza con un poco de mentira. Y toda memoria del croar de la rana, en el primer verano, es parte de un morir. Ahora todo se balancea como la estrella que se vislumbra entre esos árboles. Así, ningún amor estará muerto hasta el asesinato del último de mis recuerdos.
Recuerdo a ella, tan blanca de adentro hacia fuera, que herida de lluvia vivía. Su lluvia fue granizo, algo terrible. Ahora me abstraigo, desde esta playa con bosque, donde las olas espuman mi memoria.
Tenía delante una sonrisa con rasgos de infancia y detrás los ojos con gruesos músculos de águila. Por el día, se cerraba en un amor sin cascara. A la noche, se abría como una carcajada en la fila de la pescadería. Cuando la besabas, hervía la sensación del tiempo. Y mientras al beso le dolía el labio superior, a la piel del inferior le cansaba ser ansia. Recuerdo que el mundo se detenía entre sus sedas.
Yo la miraba olvidando su nombre, olvidando qué buscaban sus ojos, y mientras mis ojos la hacían fuego, masa para la caricia olvidada, ella de pan crujiente se vestía.
Hoy día, cuando camino por la ciudad, los nuevos amores deambulan sin miradas delante de mi cuerpo. Al rojo de los semáforos, y su silencio, se une al alma del viandante. Yo me paro con la multitud esperando el verde, y pienso "Apártate chaval, déjame verla; ya está en verde jovencito, quítate ya de la línea". Luego hay una nada detrás de los pasos que se persiguen y una nada en las espaldas que cruzan; también en las farolas de las estaciones, en los muelles, en la leche recién extraída, en los balcones de las casas, en la de las bocas que no se besan. Así luego, las llagas de la noche adquieren el color de las piedras que se enfrían, y yo me digo: ¿Qué es un amor, sino una mirada? ¿Qué es amor, sino una lucecita? ¿Qué es un beso, sino una estela? ¿Cuántos árboles son necesarios para besarla?
Ay, amor, no me hagas odiar al hombre que veo en este espejo, porque soy un buen cordero, que un lucero es un poema y soy pez sin alas; déjame sentir que siempre queda la noche de mañana sin canción que acongoje mi corazón.
Ay, amor, deberás ya de bajarte de la estrella que, desde la nebulosidad de mis ojos, se derrumba sobre este papel.
Chus
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