mariano dupont
Poeta fiel al portal
¡QUÉ LO PATEE EL SEIS!
El seis jamás había errado un penal y era el más buscado por el periodismo a raíz de sus pintorescos comentarios para el final de cada partido; él pateaba los penales al medio del arco, pero con un poco de adorno, después los narraba el zaguero para la tele, como ejecuciones muy pensadas y de gran creatividad.
A veces a la izquierda...a veces a la derecha, un poco mas bajo o un poco mas alto, pero la bola iba adentro.
Después, el numero seis, acomodaba la historia de acuerdo a donde fue la pelota; cada vez tenia la explicación de por que había tirado el penal de la forma que lo había tirado.
De ahí que en un mundo de cabalas como en el fútbol, en derredor del marcador izquierdo se había formado una aureola de inexorable infalibilidad.
Pero era la verdad que el secreto de su fino sentido era no tener ningún fino sentido y que siempre pateaba al bulto y la pelota no dejaba de entrar.
Al fin llegó el día de la definición para el ascenso a primera A. Somos nosotros o son ellos dijo el técnico, hay que ganar.
Todo el partido 0-0, y el empate no nos sirve, nos llevan un punto; faltando un minuto...penal...a favor nuestro...¡que lo patee el seis!...
El técnico ya explicaba el triunfo, el pateador estaba exultante. ¡Penal!...
El seis tomo carrera para el tiro definitorio y la pelota se fue por arriba del travesaño...Perdimos....El zaguero no entendía nada...lo había errado...
Y por supuesto "in pectore" lo pensaba y lo repensaba...
¿Por que carajo, la puta que lo parió, esta vez para asegurarlo se me ocurrió pensarlo?.
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El seis jamás había errado un penal y era el más buscado por el periodismo a raíz de sus pintorescos comentarios para el final de cada partido; él pateaba los penales al medio del arco, pero con un poco de adorno, después los narraba el zaguero para la tele, como ejecuciones muy pensadas y de gran creatividad.
A veces a la izquierda...a veces a la derecha, un poco mas bajo o un poco mas alto, pero la bola iba adentro.
Después, el numero seis, acomodaba la historia de acuerdo a donde fue la pelota; cada vez tenia la explicación de por que había tirado el penal de la forma que lo había tirado.
De ahí que en un mundo de cabalas como en el fútbol, en derredor del marcador izquierdo se había formado una aureola de inexorable infalibilidad.
Pero era la verdad que el secreto de su fino sentido era no tener ningún fino sentido y que siempre pateaba al bulto y la pelota no dejaba de entrar.
Al fin llegó el día de la definición para el ascenso a primera A. Somos nosotros o son ellos dijo el técnico, hay que ganar.
Todo el partido 0-0, y el empate no nos sirve, nos llevan un punto; faltando un minuto...penal...a favor nuestro...¡que lo patee el seis!...
El técnico ya explicaba el triunfo, el pateador estaba exultante. ¡Penal!...
El seis tomo carrera para el tiro definitorio y la pelota se fue por arriba del travesaño...Perdimos....El zaguero no entendía nada...lo había errado...
Y por supuesto "in pectore" lo pensaba y lo repensaba...
¿Por que carajo, la puta que lo parió, esta vez para asegurarlo se me ocurrió pensarlo?.
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