¡QUÉ POBRE ES MI SONATA!
Suena muy quedo en el cauce
el agua de la alborada,
tan sublime y tan sedosa
como el algodón en rama.
Sigue el curso lentamente
con su brillo que enmascara
la corriente que en tropel
cobra vida en la montaña,
y que alcanzando los pastos
se torna tranquila y calma.
Y los peces de ese río
se perfuman con el agua:
De los brezos en altura
y de prímulas si amansa.
¡Qué sonora es la corriente
y qué pobre es mi sonata!
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