eduardocarpio
Poeta adicto al portal
¡QUÉ RAREZA TAN REMOTA! ...
Tienes azul en los ojos
y aliento de fruta roja;
en las manos un regazo
que la ternura le colma.
En el seno de una esfera
y la estrechez de una concha,
te amurallaron sonrisas,
te envidiaron soñadora.
Pena clara, cruz desnuda,
clavo de todas las horas;
los días iban tan grises,
las tardes ciegas y cortas.
Y siempre te rechazaron
por serena y luminosa;
al despecho de su inquina,
lacraron bulos con postas.
Tenían lenguas falaces,
postizas como su prosa;
eran labios de secano,
ardientes en la derrota.
 
 
Noche oscura, pena larga,
fatigadas las farolas;
tanto candor retenido
renegaba ser aurora.
El horror vino a su cueva,
el bullicio a la rotonda;
en los picos de las cumbres
iban colores de rosas.
Nació suave claroscuro
entre nociones sin forma;
luego un cielo bien rotundo
entre el agrio de las sombras.
Humedad y vaga espuma,
el alba clara y quejosa;
allá en el fondo se escucha
una arboleda sonora.
 
Nunca volvimos atrás
-mezquindad devastadora-;
acaso las golondrinas
vuelen hoy con las alondras.
¡Qué triste veta difunden!
¡Qué rareza tan remota!
Todo aquello que se olvida,
aún hiere si reposa.
Las letras de los recuerdos
y la paz de las palomas:
alguien echará unas migas,
ellas alas presurosas.
Agujas inexorables,
ya encanecidas. Recobra
el dormitorio del parque
la majestad de sus hojas.
eduardocarpio
19 de diciembre de 2012
Tienes azul en los ojos
y aliento de fruta roja;
en las manos un regazo
que la ternura le colma.
En el seno de una esfera
y la estrechez de una concha,
te amurallaron sonrisas,
te envidiaron soñadora.
Pena clara, cruz desnuda,
clavo de todas las horas;
los días iban tan grises,
las tardes ciegas y cortas.
Y siempre te rechazaron
por serena y luminosa;
al despecho de su inquina,
lacraron bulos con postas.
Tenían lenguas falaces,
postizas como su prosa;
eran labios de secano,
ardientes en la derrota.
 
 
Noche oscura, pena larga,
fatigadas las farolas;
tanto candor retenido
renegaba ser aurora.
El horror vino a su cueva,
el bullicio a la rotonda;
en los picos de las cumbres
iban colores de rosas.
Nació suave claroscuro
entre nociones sin forma;
luego un cielo bien rotundo
entre el agrio de las sombras.
Humedad y vaga espuma,
el alba clara y quejosa;
allá en el fondo se escucha
una arboleda sonora.
 
Nunca volvimos atrás
-mezquindad devastadora-;
acaso las golondrinas
vuelen hoy con las alondras.
¡Qué triste veta difunden!
¡Qué rareza tan remota!
Todo aquello que se olvida,
aún hiere si reposa.
Las letras de los recuerdos
y la paz de las palomas:
alguien echará unas migas,
ellas alas presurosas.
Agujas inexorables,
ya encanecidas. Recobra
el dormitorio del parque
la majestad de sus hojas.
eduardocarpio
19 de diciembre de 2012
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