F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
¡QUÉ SABE NADIE…!
Parece que la edad es cosa de los años.
Tú no escuches a nadie que nadie sabe nada:
de cómo eres por dentro, qué cosas te hacen daño
de cómo estás de fuerte, si estás enamorada,
qué cosas te ilusionan, qué piensas de la vida;
si dices que te quiero te estimarán… ¡cristiana!
Que cada cual comente sin pausa y sin medida
aquello que ellos crean… ¡como les dé la gana!
Tú y yo sabemos bien que nuestra vida es buena:
que van cuarenta y seis los años de almohada
que los dos compartimos, y la dulce cadena
de educar a los hijos… ¡de día y madrugada!
Los hijos se casaron y todos en sus casas
y estamos los dos solos como en nuestros inicios
mirándonos de frente cumplidas nuestras bazas
pero con más ternura y amores… vitalicios.
Muchos dirán ¡seguro! que estamos algo viejos
y que tenemos años de la tercera edad…
¡Qué poco nos conocen mirándose a su espejo!
Porque nosotros siempre… ¡vivimos Navidad!
No sé si es la tercera o acaso es la segunda
en la que más se quiere. Cuando se quiere así
no puede ser tercera, porque la más rotunda
es la que dos se quieren… ¡como te quiero a ti!
Yo me inspiro en tus ojos para escribir poemas
y así me siento joven, sin apreciar la edad:
mis versos más candentes se fundirán en gemas
en la hermosa corona de nuestra intimidad
Tú no escuches a nadie ¡ni los programas rosa!
Que cada cual se guarde la parte de su historia
que no le favorece. La parte más hermosa
está en tu corazón: y en él estoy en la gloria.
Soy joven cuando escribo. Tú inspiras mis baladas
recordando momentos de algún niño pequeño,
de tu gesto armonioso y tus tiernas miradas
vigilando a los nietos abrazados al sueño.
Soy joven si recuerdo. Y recuerdo aquel día…
con aquel vaso de agua… que me diste a beber
y era sed de quererte…y sé que me querías…
y que fuese tu hombre siendo tú mi mujer.
Muchos dirán ¡seguro! que somos algo viejos
que vivimos los años de la tercera edad…
¡Qué poco nos conocen! ¡qué falta de reflejos!
porque aún cada día… ¡¡es nueva Navidad!!
Parece que la edad es cosa de los años.
Tú no escuches a nadie que nadie sabe nada:
de cómo eres por dentro, qué cosas te hacen daño
de cómo estás de fuerte, si estás enamorada,
qué cosas te ilusionan, qué piensas de la vida;
si dices que te quiero te estimarán… ¡cristiana!
Que cada cual comente sin pausa y sin medida
aquello que ellos crean… ¡como les dé la gana!
Tú y yo sabemos bien que nuestra vida es buena:
que van cuarenta y seis los años de almohada
que los dos compartimos, y la dulce cadena
de educar a los hijos… ¡de día y madrugada!
Los hijos se casaron y todos en sus casas
y estamos los dos solos como en nuestros inicios
mirándonos de frente cumplidas nuestras bazas
pero con más ternura y amores… vitalicios.
Muchos dirán ¡seguro! que estamos algo viejos
y que tenemos años de la tercera edad…
¡Qué poco nos conocen mirándose a su espejo!
Porque nosotros siempre… ¡vivimos Navidad!
No sé si es la tercera o acaso es la segunda
en la que más se quiere. Cuando se quiere así
no puede ser tercera, porque la más rotunda
es la que dos se quieren… ¡como te quiero a ti!
Yo me inspiro en tus ojos para escribir poemas
y así me siento joven, sin apreciar la edad:
mis versos más candentes se fundirán en gemas
en la hermosa corona de nuestra intimidad
Tú no escuches a nadie ¡ni los programas rosa!
Que cada cual se guarde la parte de su historia
que no le favorece. La parte más hermosa
está en tu corazón: y en él estoy en la gloria.
Soy joven cuando escribo. Tú inspiras mis baladas
recordando momentos de algún niño pequeño,
de tu gesto armonioso y tus tiernas miradas
vigilando a los nietos abrazados al sueño.
Soy joven si recuerdo. Y recuerdo aquel día…
con aquel vaso de agua… que me diste a beber
y era sed de quererte…y sé que me querías…
y que fuese tu hombre siendo tú mi mujer.
Muchos dirán ¡seguro! que somos algo viejos
que vivimos los años de la tercera edad…
¡Qué poco nos conocen! ¡qué falta de reflejos!
porque aún cada día… ¡¡es nueva Navidad!!
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