Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Las bocas ya no se llenan
de niños durmiendo,
ni de mares coronados de espuma,
ni de apacibles lunas
sobre un fondo de estrellas.
Han desaparecido de los rostros
de la humanidad toda
por miedo a decir una palabra
mas alta que la otra
o a expresar la verdad con contundencia.
Y sufre la humanidad
porque las palabras han perdido su luz
y ninguna ya le representa.
Las últimas dejaron un regusto amargo
a invierno lúgubre.
Y hay miedo, porque una pequeña horda
de alimañas con su risa hiriente
y sin moverse
de su suntuosa madriguera
incendió las conversaciones
de palabras lentas,
reduciéndolas a cenizas,
y borró las que escritas estaban
con sangre en los muros.
Es la que conserva entero su cuerpo
y la dueña de la voz hecha de gritos
que corroe la palabra
hasta rebajarla a un postrer susurro.
Hay mucho miedo.
¿Por qué, si no, cae la lluvia
en silencio como una sombra?
Ni el ulular del viento se oye.
Callan los grillos
y los pájaros, clandestinos,
se esconden para no ser cazados.
Se perderán sus cantos,
se marchitarán las palabras
¿y qué será, entonces, de la poesía?
de niños durmiendo,
ni de mares coronados de espuma,
ni de apacibles lunas
sobre un fondo de estrellas.
Han desaparecido de los rostros
de la humanidad toda
por miedo a decir una palabra
mas alta que la otra
o a expresar la verdad con contundencia.
Y sufre la humanidad
porque las palabras han perdido su luz
y ninguna ya le representa.
Las últimas dejaron un regusto amargo
a invierno lúgubre.
Y hay miedo, porque una pequeña horda
de alimañas con su risa hiriente
y sin moverse
de su suntuosa madriguera
incendió las conversaciones
de palabras lentas,
reduciéndolas a cenizas,
y borró las que escritas estaban
con sangre en los muros.
Es la que conserva entero su cuerpo
y la dueña de la voz hecha de gritos
que corroe la palabra
hasta rebajarla a un postrer susurro.
Hay mucho miedo.
¿Por qué, si no, cae la lluvia
en silencio como una sombra?
Ni el ulular del viento se oye.
Callan los grillos
y los pájaros, clandestinos,
se esconden para no ser cazados.
Se perderán sus cantos,
se marchitarán las palabras
¿y qué será, entonces, de la poesía?
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