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¡Qué sola me dejaste!

Rafael Llamas Jimenez

Poeta veterano en el portal
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(A la Madre Tierra)


¡QUÉ SOLA ME DEJASTE!


¡Qué sola me dejaste en el barbecho!
¡Qué triste se quedó la encina mía!
La amapola entre el trigo se me hundía
y la luna abatida en el repecho.

¡Qué pena del olivo! ¡Qué maltrecho!
¡La alondra en la besana lloraría!
¡La rosa su rocío bebería
con la espina clavada sobre el pecho!

Sudaba los calores del membrillo
y te fuiste tirándome la azada,
enfermo por la fiebre del ladrillo.

Te explotó la burbuja tan ansiada
y ahora me suplicas surco y trillo,
te quedaste sin pan en tu cruzada.

En la desescalada
huyendo de pandemia y de lo urbano,
la tierra del olvido da su mano.


Rafael Llamas Jiménez
 

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¡QUÉ SOLA ME DEJASTE!


¡Qué sola me dejaste en el barbecho!
¡Qué triste se quedó la encina mía!
La amapola entre el trigo se me hundía
y la luna abatida en el repecho.

¡Qué pena del olivo! ¡Qué maltrecho!
¡La alondra en la besana lloraría!
¡La rosa su rocío bebería
con la espina clavada sobre el pecho!

Sudaba los calores del membrillo
y te fuiste tirándome la azada,
enfermo por la fiebre del ladrillo.

Te explotó la burbuja tan ansiada
y ahora me suplicas surco y trillo,
te quedaste sin pan en tu cruzada.

En la desescalada
huyendo de pandemia y de lo urbano,
la tierra del olvido da su mano.


Rafael Llamas Jiménez
¡Chapó! Qué magníficamente describes, con esos versos llenos de sabiduría concentrada en lo popular.
Un placer leerte, Rafael.

Un abrazo, poeta.

Paco
 
Muy cierto poeta, hermoso tu soneto, el campo tan poco apreciado
siempre está allí para todos en las buenas y en las malas. Gracias
por este momento de campestre disfrute. Besitos apretados en
tus mejillas.
 
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¡QUÉ SOLA ME DEJASTE!


¡Qué sola me dejaste en el barbecho!
¡Qué triste se quedó la encina mía!
La amapola entre el trigo se me hundía
y la luna abatida en el repecho.

¡Qué pena del olivo! ¡Qué maltrecho!
¡La alondra en la besana lloraría!
¡La rosa su rocío bebería
con la espina clavada sobre el pecho!

Sudaba los calores del membrillo
y te fuiste tirándome la azada,
enfermo por la fiebre del ladrillo.

Te explotó la burbuja tan ansiada
y ahora me suplicas surco y trillo,
te quedaste sin pan en tu cruzada.

En la desescalada
huyendo de pandemia y de lo urbano,
la tierra del olvido da su mano.


Rafael Llamas Jiménez
Bonito y campestre poema, felicidades.
Miguel.
 
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¡QUÉ SOLA ME DEJASTE!


¡Qué sola me dejaste en el barbecho!
¡Qué triste se quedó la encina mía!
La amapola entre el trigo se me hundía
y la luna abatida en el repecho.

¡Qué pena del olivo! ¡Qué maltrecho!
¡La alondra en la besana lloraría!
¡La rosa su rocío bebería
con la espina clavada sobre el pecho!

Sudaba los calores del membrillo
y te fuiste tirándome la azada,
enfermo por la fiebre del ladrillo.

Te explotó la burbuja tan ansiada
y ahora me suplicas surco y trillo,
te quedaste sin pan en tu cruzada.

En la desescalada
huyendo de pandemia y de lo urbano,
la tierra del olvido da su mano.


Rafael Llamas Jiménez
Ay amigo Rafael qué soneto tan requeteprecioso a nuestra Madre Tierra, ella que todo lo entrega es digna siempre del mayor de los merecimientos, amarla y respetarla siempre es lo que se merece y los seres humanos ni la valoramos ni le rendimos honores de ninguna clase, al contrario, la contaminamos, la explotamos y la condenamos al agotamiento. Ay siempre me encanta leerte, mi amigo y mi maestro, muchos besos para ti querido poeta...muááácksss
 
La tierra siempre nos espera aunque nos alejamos y ahora con la pandemia regresar al campo sería la mejor salida. Caminar por esa hermosa tierra cubierta de milpa y flores silvestres nos vendría tan bien en estos momentos. Bellísimo soneto. Encantada de leerte. Saludos cordiales.
 
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¡QUÉ SOLA ME DEJASTE!


¡Qué sola me dejaste en el barbecho!
¡Qué triste se quedó la encina mía!
La amapola entre el trigo se me hundía
y la luna abatida en el repecho.

¡Qué pena del olivo! ¡Qué maltrecho!
¡La alondra en la besana lloraría!
¡La rosa su rocío bebería
con la espina clavada sobre el pecho!

Sudaba los calores del membrillo
y te fuiste tirándome la azada,
enfermo por la fiebre del ladrillo.

Te explotó la burbuja tan ansiada
y ahora me suplicas surco y trillo,
te quedaste sin pan en tu cruzada.

En la desescalada
huyendo de pandemia y de lo urbano,
la tierra del olvido da su mano.


Rafael Llamas Jiménez
A ver si así aprendemos la lección. Yo en mi pequeño pueblo, estoy encantado con mi pequeño huerto, en donde cultivo de todo.
Creo que ya te lo he dicho: tienes la virtud de decir muchas cosas auténticas con tus versos bucólicos. Se nota, que como yo, amas la tierra.
Mi admiración a tu arte.
Castro.
 
Precioso y excelente soneto dedicado a la tierra y al encanto de nuestros pueblos. Siempre recuerdo cuando me pasaba los veranos en el cortijo de mis tíos y de mi abuelo. Mis felicitaciones. Un abrazo.
Miguel
 
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¡Qué sola me dejaste en el barbecho!
¡Qué triste se quedó la encina mía!
La amapola entre el trigo se me hundía
y la luna abatida en el repecho.

¡Qué pena del olivo! ¡Qué maltrecho!
¡La alondra en la besana lloraría!
¡La rosa su rocío bebería
con la espina clavada sobre el pecho!

Sudaba los calores del membrillo
y te fuiste tirándome la azada,
enfermo por la fiebre del ladrillo.

Te explotó la burbuja tan ansiada
y ahora me suplicas surco y trillo,
te quedaste sin pan en tu cruzada.

En la desescalada
huyendo de pandemia y de lo urbano,
la tierra del olvido da su mano.


Rafael Llamas Jiménez
Entiendo que en el colofón del soneto, que es el estrambote, es el poeta quien habla; en el resto de los versos, lo hace la tierra. Interesante enfoque retórico, mi querido amigo. La tierra, como una madre fiel, siempre perdona. Es una lástima que los poderosos del mundo hayan decidido sacrificarla para satisfacer sus propias ambiciones. Por supuesto, la tierra también tiene hijos buenos y agradecidos, hijos como el poeta de campo que hoy nos escribe, mostrándonos en su arte poético su sensibilidad humana y su amor por ella.
Un abrazo infinito, Rafael.
Y gracias por el instante de necesaria poesía.
 
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¡QUÉ SOLA ME DEJASTE!


¡Qué sola me dejaste en el barbecho!
¡Qué triste se quedó la encina mía!
La amapola entre el trigo se me hundía
y la luna abatida en el repecho.

¡Qué pena del olivo! ¡Qué maltrecho!
¡La alondra en la besana lloraría!
¡La rosa su rocío bebería
con la espina clavada sobre el pecho!

Sudaba los calores del membrillo
y te fuiste tirándome la azada,
enfermo por la fiebre del ladrillo.

Te explotó la burbuja tan ansiada
y ahora me suplicas surco y trillo,
te quedaste sin pan en tu cruzada.

En la desescalada
huyendo de pandemia y de lo urbano,
la tierra del olvido da su mano.


Rafael Llamas Jiménez

¿Se ha reencarnado Gabriel y Galán?
Bromas aparte, Rafael, te felicito por este gran poema que refleja tu amor por lo sencillo, lo natural, lo auténtico.

Un abrazo.
 
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¡QUÉ SOLA ME DEJASTE!


¡Qué sola me dejaste en el barbecho!
¡Qué triste se quedó la encina mía!
La amapola entre el trigo se me hundía
y la luna abatida en el repecho.

¡Qué pena del olivo! ¡Qué maltrecho!
¡La alondra en la besana lloraría!
¡La rosa su rocío bebería
con la espina clavada sobre el pecho!

Sudaba los calores del membrillo
y te fuiste tirándome la azada,
enfermo por la fiebre del ladrillo.

Te explotó la burbuja tan ansiada
y ahora me suplicas surco y trillo,
te quedaste sin pan en tu cruzada.

En la desescalada
huyendo de pandemia y de lo urbano,
la tierra del olvido da su mano.


Rafael Llamas Jiménez
Qué maravilla de poema , si todos vieran esa mirada al pasado como un horizonte hacia el futuro, reconocer nuestro errores y volver a nuestras raíces
Gracias por compartir tus letras con todos nosotros
Un abrazo Carmen
 
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¡QUÉ SOLA ME DEJASTE!


¡Qué sola me dejaste en el barbecho!
¡Qué triste se quedó la encina mía!
La amapola entre el trigo se me hundía
y la luna abatida en el repecho.

¡Qué pena del olivo! ¡Qué maltrecho!
¡La alondra en la besana lloraría!
¡La rosa su rocío bebería
con la espina clavada sobre el pecho!

Sudaba los calores del membrillo
y te fuiste tirándome la azada,
enfermo por la fiebre del ladrillo.

Te explotó la burbuja tan ansiada
y ahora me suplicas surco y trillo,
te quedaste sin pan en tu cruzada.

En la desescalada
huyendo de pandemia y de lo urbano,
la tierra del olvido da su mano.


Rafael Llamas Jiménez
Qué belleza de poema Rafael, con ese amor que tu pones en cada verso. Lo que cuentas es una gran verdad, pero pocos podemos contarlo con ese lirismo y esa emoción que se nos agarra alas entrañas.
Cómo me alegra tu retorno, admirado poeta.
Un abrazo, con afecto.
Isabel
 
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¡QUÉ SOLA ME DEJASTE!


¡Qué sola me dejaste en el barbecho!
¡Qué triste se quedó la encina mía!
La amapola entre el trigo se me hundía
y la luna abatida en el repecho.

¡Qué pena del olivo! ¡Qué maltrecho!
¡La alondra en la besana lloraría!
¡La rosa su rocío bebería
con la espina clavada sobre el pecho!

Sudaba los calores del membrillo
y te fuiste tirándome la azada,
enfermo por la fiebre del ladrillo.

Te explotó la burbuja tan ansiada
y ahora me suplicas surco y trillo,
te quedaste sin pan en tu cruzada.

En la desescalada
huyendo de pandemia y de lo urbano,
la tierra del olvido da su mano.


Rafael Llamas Jiménez
Estimado Rafael, aparte de que es una magnífica poesía evocadora de la tierra, de ese campo que la sociedad nos impulsa a abandonar buscando "mejores" oportunidades en las ciudades, resulta por demás reflexiva en su discurso. Felicito poeta que haya tocado con tanta sapiencia y destreza poética un tema que a todos nos atañe.
Un abrazo fraterno
MANUEL
 

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