La Corporación
Poeta veterano
(Evaristo Corumelo,
Marzo de la Iguana)
Queda muda la soledad
cuando los bolsillos sacan la lengua
como barrios de mi cuerpo.
Cuando al otro lado de mis calzoncillos
reza el olor acre
de mis huevos desconsolados.
Muda soledad
cuando desde la cama
conformo algún legado,
como un puñado de hormonas,
tres caricias sueltas,
y si a todo esto añadiera ternura,
las más de las veces,
el amor podría ser sustituido
después de haber follado bien.
El balance cuadra,
no sería catastrófico
decir que todo es lo mismo.
Que las calles odian mis pasos
alegres y seguros;
que los árboles
son una sempiterna compañía
cuando, borracho,
meo sus pies.
-Los beso siempre
a oscuras
para que nadie
me llame loco-.
Cuando ando descalzo
en el césped de los parques,
entre las once y las doce la mañana,
únicas horas
en las que merece la pena
sentirse vivo,
queda muda,
atenta a mis pasos.
Renato Vega
Marzo de la Iguana)
Queda muda la soledad
cuando los bolsillos sacan la lengua
como barrios de mi cuerpo.
Cuando al otro lado de mis calzoncillos
reza el olor acre
de mis huevos desconsolados.
Muda soledad
cuando desde la cama
conformo algún legado,
como un puñado de hormonas,
tres caricias sueltas,
y si a todo esto añadiera ternura,
las más de las veces,
el amor podría ser sustituido
después de haber follado bien.
El balance cuadra,
no sería catastrófico
decir que todo es lo mismo.
Que las calles odian mis pasos
alegres y seguros;
que los árboles
son una sempiterna compañía
cuando, borracho,
meo sus pies.
-Los beso siempre
a oscuras
para que nadie
me llame loco-.
Cuando ando descalzo
en el césped de los parques,
entre las once y las doce la mañana,
únicas horas
en las que merece la pena
sentirse vivo,
queda muda,
atenta a mis pasos.
Renato Vega
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