Tenemos derecho de pedir,
reclamar lo nuestro,
de sentir todo lo exquisito,
auscultar deseos.
¡Queremos lujuria!
Revolcarnos en el hielo,
seducir esos cuerpos,
enloquecer con el aroma de sexo,
tocar rincones ocultos en el tiempo,
¡Renacer el frenesí de sueños aquellos!
¡No más discriminación para la mujer!
Necesitamos de una relación erótica -no sólo ustedes-
que nos quite el karma que llevamos impunes en una sed marital,
que nos pongan a hervir el alma, dedo a dedo como beso rapaz
y nos encueren en el cielo en una noche radical.
¡Unámonos y recobremos la libertad!