Querida enemiga

LuKaS

L'enfant terrible
Querida enemiga:


Te escribo para darte una noticia muy triste: lamento mucho decirte, que ya no podremos seguir siendo enemigos. Te pido disculpas, aunque sé que no hay disculpa que valga. ¡Lamento tanto decepcionarte!. Pero en estos últimos días no he sentido el coraje propio del combate. En cambio, sí he sentido, que ya no puedo sostener una contienda de esta magnitud. No tengo la fortaleza suficiente para enfrentarte, y sé bien que aún si la tuviera, no llegaría siquiera a hacerte un rasguño. No podría lastimarte. Mi mano no tendría la fuerza suficiente para levantar mi espada y señalarte. Mis ojos. Mis ojos no brillan como lo hacen los ojos de un guerrero. Lo hacen de otro modo. Aún hay fuego en ellos, porque un guerrero jamás pierde la luz estelar de sus ojos, que permanecen imponentes, como si en vez de que el tiempo avanzara para ellos, fueran ellos mismos quienes avanzaran en el tiempo, viendo más allá que cualquiera y jamás envejeciendo.

Querida enemiga, recuerdo nuestras batallas. Jamás conocí ferocidad como la tuya. Más aún, jamás la vi acompañada de tanta elegancia. Tus brazos se movían como aspas en la nada. Tan hábiles y certeras como dagas afiladas o el vuelo de un halcón. La gracia de tu espada, engalanaba cada ataque. Cada golpe. Cada estocada. Tu técnica era un danza digna de observar. A tal punto que, confieso, muchas veces quise detener mi ataque, detenerme en plena marcha y observar, para poder, tan sólo por un rato, maravillarme.

Querida enemiga, hoy quiero contarte, el porqué de mi decisión:
Nuestro último encuentro fue feroz. Fue un día voraz. Más voraz que el resto de los días. Ambos dimos hasta el máximo y probamos nuestro límite. Tú me marcaste con tu espada, una línea pronunciada, en mi hombro, cerca de mi espalda. No vi venir el golpe. No supe contener el ataque. O lo que me dio mas miedo en ese momento: tal vez no quise. ¿Es que estaba ya cansado de luchar por mi causa? ¿Seguía creyendo en ella? O quizás el destino se había puesto de tu lado porque tenía mejores razones; mejores motivos. ¿Era la voluntad de los dioses que yo cayera? Quizás, en el peor de los casos, me estaba volviendo viejo. ¡No! ¡No voy a permitirme perder! No debo dejar que su espada se imponga, pues todo por lo cual habría luchado sería en vano. Debo ser yo quien salga victorioso esta contienda.
Sin pensarlo dos veces, giré sobre mi cuerpo para alejarme de tu espada, mientras bajé mi cabeza para evitar el ataque. Contigo a mis espaldas confiaba en que me subestimases, y antes de que puedas hacer nada, el filo de mi arma ya besaba tu rostro. Y es ahí cuando me dí cuenta, al verte anonadada. Te mantenías atónita. Sospecho que te sostenía tu alma. Yo bajé mi espada, mientras mi mirabas despavorida. Marchaste rápido, para que no te viera derramar una lágrima, y por eso, tampoco pudiste ver las mías.

Querida enemiga: te confieso, desde el fondo de mi alma, que desde el primer día que te vi, estoy enamorado de ti. Y jamás podría, ni siquiera una vez más, verte herida. Perdóname enemiga, no quiero pelear más.
 
Última edición:
Excelentes prosas plasmadas en esta carta. Solo hay que esperar a que ella la lea y decida hacer la paz o seguir con el litigio, lamentablemente el amor es una decisión de dos pero con esta carta si no corresponde no tiene corazón, jejeje
Abrazos compañero poeta
 
Hermosa prosa y un profundo sentimiento se puede leer en ella, las guerras no conducen a nada, pero muchas veces sirven para darnos cuenta que detrás de esa gran contienda hay un gran amor... Excelente lo que acabo de leer.. Un abrazo LuKaS, gracias por compartirnos tus maravillosas letras..
 
Excelentes prosas plasmadas en esta carta. Solo hay que esperar a que ella la lea y decida hacer la paz o seguir con el litigio, lamentablemente el amor es una decisión de dos pero con esta carta si no corresponde no tiene corazón, jejeje
Abrazos compañero poeta


Jajaja. Abrazos Danie! y espero seguir viéndote por acá.
Sin corazón... jajaja,. Me agrada!
 
Hermosa prosa y un profundo sentimiento se puede leer en ella, las guerras no conducen a nada, pero muchas veces sirven para darnos cuenta que detrás de esa gran contienda hay un gran amor... Excelente lo que acabo de leer.. Un abrazo LuKaS, gracias por compartirnos tus maravillosas letras..

Gracias querida luna :3 es un honor tenerte por mis letras. Creo que todas las guerras se libran por amor a algo. O codicia xD es amor desmesurado
 
Una historia que conmueve, en las batallas pienso que todos pierden por eso es mejor ahorrar las energías para amarse y es lo que demuestras en tus emotivas letras, un gusto leerte, abrazos.

Hola Nancy, querida amiga! En las guerras sí, todos pierden algo, por suerte hay un poco de amor para auxiliarnos....
Un abrazo y gracias por tu llegada
 
Hermoso, que forma tan tierna de poner LAS MANOS AL AIRE, a veces es lo más inteligente y sano, requiere enterrar el orgullo, para rendirse ante el enemigo de esa forma. Saludos y estrellas.
 
Hermoso, que forma tan tierna de poner LAS MANOS AL AIRE, a veces es lo más inteligente y sano, requiere enterrar el orgullo, para rendirse ante el enemigo de esa forma. Saludos y estrellas.

Claro que lo requiere. Claro aunque a algunos nos cuesta mucho, eso sólo hace que valga mas la pena hacerlo.
Un gran abrazo y estima ALYA.
 
Una carta de principio a fin digan de leerla, un comienzo
muy bueno y su desarrollo excelente, me ha gustado
mucho poder pasar a leer tu bella inspiración.
Ha sido un placer dejar mi huella en tus letras.
Te dejo reputación merecida.
Un abrazo. Tere

Gracias Tere o Pocahontas o Mulan o.. Borincana :D
No, en serio. Gracias Tere por haber llegado hasta mis letras con la amabilidad clásica que te caracteriza. Siempre va a ser un gusto tener por acá. UN abrazo muy grande
 
Querida enemiga:


Te escribo para darte una noticia muy triste: lamento mucho decirte, que ya no podremos seguir siendo enemigos. Te pido disculpas, aunque sé que no hay disculpa que valga. ¡Lamento tanto decepcionarte!. Pero en estos últimos días no he sentido el coraje propio del combate. En cambio, sí he sentido, que ya no puedo sostener una contienda de esta magnitud. No tengo la fortaleza suficiente para enfrentarte, y sé bien que aún si la tuviera, no llegaría siquiera a hacerte un rasguño. No podría lastimarte. Mi mano no tendría la fuerza suficiente para levantar mi espada y señalarte. Mis ojos. Mis ojos no brillan como lo hacen los ojos de un guerrero. Lo hacen de otro modo. Aún hay fuego en ellos, porque un guerrero jamás pierde la luz estelar de sus ojos, que permanecen imponentes, como si en vez de que el tiempo avanzara para ellos, fueran ellos mismos quienes avanzaran en el tiempo, viendo más allá que cualquiera y jamás envejeciendo.
Querida enemiga, recuerdo nuestras batallas. Jamás conocí ferocidad como la tuya. Más aún, jamás la vi acompañada de tanta elegancia. Tus brazos se movían como aspas en la nada. Tan hábiles y certeras como dagas afiladas o el vuelo de un halcón. La gracia de tu espada, engalanaba cada ataque. Cada golpe. Cada estocada. Tu técnica era un danza digna de observar. A tal punto que, confieso, muchas veces quise detener mi ataque, detenerme en plena marcha y observar, para poder, tan sólo por un rato, maravillarme.
Querida enemiga, hoy quiero contarte, el porqué de mi decisión:
Nuestro último encuentro fue feroz. Fue un día voraz. Más voraz que el resto de los días. Ambos dimos hasta el máximo y probamos nuestro límite. Tú me marcaste con tu espada, una línea pronunciada, en mi hombro, cerca de mi espalda. No vi venir el golpe. No supe contener el ataque. O lo que me dio mas miedo en ese momento: tal vez no quise. ¿Es que estaba ya cansado de luchar por mi causa? ¿Seguía creyendo en ella? O quizás el destino se había puesto de tu lado porque tenía mejores razones; mejores motivos. ¿Era la voluntad de los dioses que yo cayera? Quizás, en el peor de los casos, me estaba volviendo viejo. ¡No! ¡No voy a permitirme perder! No debo dejar que su espada se imponga, pues todo por lo cual habría luchado sería en vano. Debo ser yo quien salga victorioso esta contienda.
Sin pensarlo dos veces, giré sobre mi cuerpo para alejarme de tu espada, mientras bajé mi cabeza para evitar el ataque. Contigo a mis espaldas confiaba en que me subestimases, y antes de que puedas hacer nada, el filo de mi arma ya besaba tu rostro. Y es ahí cuando me dí cuenta, al verte anonadada. Te mantenías atónita. Sospecho que te sostenía tu alma. Yo bajé mi espada, mientras mi mirabas despavorida. Marchaste rápido, para que no te viera derramar una lágrima, y por eso, tampoco pudiste ver las mías.
Querida enemiga: te confieso, desde el fondo de mi alma, que desde el primer día que te vi, estoy enamorado de ti. Y jamás podría, ni siquiera una vez más, verte herida. Perdóname enemiga, no quiero pelear más.


la pipa de la paz siempre es bienvenida, besos
 
alicia Pérez Hernández;4762180 dijo:
la maquinita sangrona no me dejo darte rep
PERO YO TE DOY ESTRELLAS SOLES Y LUNAS
mas abrazos con saludos

jajajaja.. ay amable señora; usted ni se preocupe por eso y gracias por, como siempre, llegar bondadosa y alegre. Un abrazo Alicia
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba