Álex Hernández
Poeta recién llegado
Quiero que cuando duermas nuestros besos sean recuerdos sobre el papel,
para cuando despiertes, y te sientas un poco rota, los abras y sonrías,
aunque sea un poco.
No puedo quitarte los miedos, ni enterrar tus inseguridades;
el mundo muy a menudo, es una mierda contigo. Y tú, lo recibes con los brazos abiertos.
Sé que tienes pesadillas cuando duermes, y que nunca me cuentas que has llorado,
porque tienes miedo… Miedo del mundo, y de mí. Que tus bragas bajen hasta tus muslos, y pueda ver, tu cuerpo desnudo.
Sé que no has dormido en casa, y tus cabellos mojados y esos ojos hinchados,
delatan que has tomado largas duchas con el humo de tus cigarrillos.
Y, ¿En dónde quedo yo? En una fotografía vieja, llena de polvo y rota por la vida,
que nunca se abrirá para recordar, que alguna vez quisiste tanto, hasta los huesos.
Te has acostumbrado al sabor a tierra mojada,
y te sientes estúpida, por todo lo que me has dicho cuando estas en tus días lluviosos. Y no me importa si tengo que sufrir a diario para estar contigo.
Me has enseñado, que la vida es más que un puñado de días sin sentido,
y que cuando cae la lluvia y el cielo comienza a desatar sus tormentas,
entre cada gotita de cielo, que escurre por tus mejillas,
allí, se encuentra el paraíso.
Querida, voy a comprar cigarrillos, y vuelvo.
para cuando despiertes, y te sientas un poco rota, los abras y sonrías,
aunque sea un poco.
No puedo quitarte los miedos, ni enterrar tus inseguridades;
el mundo muy a menudo, es una mierda contigo. Y tú, lo recibes con los brazos abiertos.
Sé que tienes pesadillas cuando duermes, y que nunca me cuentas que has llorado,
porque tienes miedo… Miedo del mundo, y de mí. Que tus bragas bajen hasta tus muslos, y pueda ver, tu cuerpo desnudo.
Sé que no has dormido en casa, y tus cabellos mojados y esos ojos hinchados,
delatan que has tomado largas duchas con el humo de tus cigarrillos.
Y, ¿En dónde quedo yo? En una fotografía vieja, llena de polvo y rota por la vida,
que nunca se abrirá para recordar, que alguna vez quisiste tanto, hasta los huesos.
Te has acostumbrado al sabor a tierra mojada,
y te sientes estúpida, por todo lo que me has dicho cuando estas en tus días lluviosos. Y no me importa si tengo que sufrir a diario para estar contigo.
Me has enseñado, que la vida es más que un puñado de días sin sentido,
y que cuando cae la lluvia y el cielo comienza a desatar sus tormentas,
entre cada gotita de cielo, que escurre por tus mejillas,
allí, se encuentra el paraíso.
Querida, voy a comprar cigarrillos, y vuelvo.