Queridas tormentas

Nocturna Raven

Poeta recién llegado
Queridas tormentas,

Desde el instante en que el primer trueno rasgó el silencio, supe que en vosotras habitaba un misterio que trasciende las palabras. Vuestra llegada, siempre inesperada, despierta en mí un asombro casi reverencial. Esos relámpagos que desgarran la oscuridad y esos truenos que resuenan como tambores en el pecho, son más que meros destellos de poder; son poemas escritos en el lienzo del cielo, versos de una naturaleza que canta su fuerza y su pasión.

Venero la majestad que desplegáis, la forma en que transformáis el cielo en un tapiz vibrante de luces y sombras en perpetuo movimiento. Vuestros vientos, aunque a veces feroces, susurran melodías de cambio, de renovación. Y cada gota de lluvia que cae, es como una lágrima celestial que besa la tierra, recordándonos que en los momentos más oscuros se oculta la semilla de la belleza, esperando florecer.

Vuestra irrupción es un misterio, una danza entre lo apacible y lo violento, entre lo que es y lo que está por devenir. Aunque vuestro furor puede sembrar el caos, también traéis consigo la promesa de un nuevo amanecer. Me enseñáis a apreciar la calma que sigue a vuestro paso, a encontrar en la paz que dejáis tras de vosotras un regalo preciado, un recordatorio de la delicada armonía que subyace a toda tempestad.

Queridas tormentas, os agradezco por recordarme la poderosa verdad de la naturaleza, y por mostrarnos que, incluso en medio de la furia, hay una belleza feroz, indómita, que nos invita a ver el mundo con ojos renovados. Gracias por ser la prueba tangible de que en lo más profundo del caos, habita lo sublime.
 
Queridas tormentas,

Desde el instante en que el primer trueno rasgó el silencio, supe que en vosotras habitaba un misterio que trasciende las palabras. Vuestra llegada, siempre inesperada, despierta en mí un asombro casi reverencial. Esos relámpagos que desgarran la oscuridad y esos truenos que resuenan como tambores en el pecho, son más que meros destellos de poder; son poemas escritos en el lienzo del cielo, versos de una naturaleza que canta su fuerza y su pasión.

Venero la majestad que desplegáis, la forma en que transformáis el cielo en un tapiz vibrante de luces y sombras en perpetuo movimiento. Vuestros vientos, aunque a veces feroces, susurran melodías de cambio, de renovación. Y cada gota de lluvia que cae, es como una lágrima celestial que besa la tierra, recordándonos que en los momentos más oscuros se oculta la semilla de la belleza, esperando florecer.

Vuestra irrupción es un misterio, una danza entre lo apacible y lo violento, entre lo que es y lo que está por devenir. Aunque vuestro furor puede sembrar el caos, también traéis consigo la promesa de un nuevo amanecer. Me enseñáis a apreciar la calma que sigue a vuestro paso, a encontrar en la paz que dejáis tras de vosotras un regalo preciado, un recordatorio de la delicada armonía que subyace a toda tempestad.

Queridas tormentas, os agradezco por recordarme la poderosa verdad de la naturaleza, y por mostrarnos que, incluso en medio de la furia, hay una belleza feroz, indómita, que nos invita a ver el mundo con ojos renovados. Gracias por ser la prueba tangible de que en lo más profundo del caos, habita lo sublime.
Mera reflexión.
Concuerdo, hay que ver el mundo desde otro perspectiva.

Saludos
 

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