InusitadaIrrealidad
Poeta recién llegado
Querido Nadie:
Extiendes tus brazos y tu mente viaja, extiendo los míos, y los tuyos bajan colina abajo.
No estamos acostumbrados a lo indefinido, inconcluso e inconcreto, a lo que da un vuelco al corazón, a la exploración de los sentidos, donde lo intrínseco, jamás podría ser localizado.
Hubiese sido, tal vez más fácil, ser el ágil propósito que desciende con tintes surrealistas y atisbos de características personales, pero no, fue neutro e incoloro, quizá así, como existen los cuentos cortos o las historias que cada cual cuenta como quiere, a veces amargos, simples, o silenciosos. No hubiese sido necesario contarlo, si no fuese porque en el año mil novecientos cuarenta y ocho, la observación de lo humano señalaste. Dos mil paisajes definidos, entremezclados con un narrador concreto, y apuntaste, y dijiste, he aquí, la apariencia de brillante necesidad, he aquí la necesidad de brillante apariencia.
Por la forma de sustituir hojas por palabras, Septiembres por frases largas, otoño por el acortamiento de los días, y la cercanía de los sueños enhebrados, como para hacer un bonito bordado en alguna sábana, sé que me voy deshojando como los árboles caducos y otoñales en el angosto pasadizo secreto a voces, donde el acontecimiento importante mató la curiosidad y corrí, como si ella, la curiosidad, viniese a matarme.
Veinte mil leguas verdes de lenguaje submarino después, al fin, encontré ese lugar en el que tal vez, algún día, las cosas sean diferentes, y reine de nuevo el entusiasmo.
Y si extiendes tus brazos y tu mente viaja, y la corriente alterna, te encadena a la relativa ignorancia, y al tiempo que hace, que eres relativo e ignorante.
Extiendes tus brazos y tu mente viaja, extiendo los míos, y los tuyos bajan colina abajo.
No estamos acostumbrados a lo indefinido, inconcluso e inconcreto, a lo que da un vuelco al corazón, a la exploración de los sentidos, donde lo intrínseco, jamás podría ser localizado.
Hubiese sido, tal vez más fácil, ser el ágil propósito que desciende con tintes surrealistas y atisbos de características personales, pero no, fue neutro e incoloro, quizá así, como existen los cuentos cortos o las historias que cada cual cuenta como quiere, a veces amargos, simples, o silenciosos. No hubiese sido necesario contarlo, si no fuese porque en el año mil novecientos cuarenta y ocho, la observación de lo humano señalaste. Dos mil paisajes definidos, entremezclados con un narrador concreto, y apuntaste, y dijiste, he aquí, la apariencia de brillante necesidad, he aquí la necesidad de brillante apariencia.
Por la forma de sustituir hojas por palabras, Septiembres por frases largas, otoño por el acortamiento de los días, y la cercanía de los sueños enhebrados, como para hacer un bonito bordado en alguna sábana, sé que me voy deshojando como los árboles caducos y otoñales en el angosto pasadizo secreto a voces, donde el acontecimiento importante mató la curiosidad y corrí, como si ella, la curiosidad, viniese a matarme.
Veinte mil leguas verdes de lenguaje submarino después, al fin, encontré ese lugar en el que tal vez, algún día, las cosas sean diferentes, y reine de nuevo el entusiasmo.
Y si extiendes tus brazos y tu mente viaja, y la corriente alterna, te encadena a la relativa ignorancia, y al tiempo que hace, que eres relativo e ignorante.