Héctor Horacio Luisi
Poeta asiduo al portal
Inevitablemente llegará,
con la potencia de un gran torbellino;
arribando como viejo ladino,
en su marcha te sorprenderá.
Ella llegará en medio de males,
furtiva como marea nocturna;
arrasará cuando más te afanes,
y entre oscuras aguas te hundas.
Con esa luz que pocos poseen,
tu amada podrá custodiarte,
tomando tu mano al postrarse;
sabrás por su rezo: «te quiere».
Cuando sientas ese último frío,
cuando observes tu vida pasada,
el sol se apague en tu hastío,
cierre el capullo en tu almohada.
Al salirse el último aliento,
o la oscuridad tremenda te abrace,
y en tu mano no sientas el beso
que tu amada prodiga al nombrarte.
Dime, hombre, que sigues viviendo
sin siquiera querer prepararte;
¿Querrás que te lloren los vivos?
¿Quedará quien quiera llorarte?
con la potencia de un gran torbellino;
arribando como viejo ladino,
en su marcha te sorprenderá.
Ella llegará en medio de males,
furtiva como marea nocturna;
arrasará cuando más te afanes,
y entre oscuras aguas te hundas.
Con esa luz que pocos poseen,
tu amada podrá custodiarte,
tomando tu mano al postrarse;
sabrás por su rezo: «te quiere».
Cuando sientas ese último frío,
cuando observes tu vida pasada,
el sol se apague en tu hastío,
cierre el capullo en tu almohada.
Al salirse el último aliento,
o la oscuridad tremenda te abrace,
y en tu mano no sientas el beso
que tu amada prodiga al nombrarte.
Dime, hombre, que sigues viviendo
sin siquiera querer prepararte;
¿Querrás que te lloren los vivos?
¿Quedará quien quiera llorarte?
Última edición: