¿Quién soy yo?

Jacobino

Poeta recién llegado
En voz femenina.

Eres adorable... por estar perdido, tan muerto de frío, hermoso, bello, roto por tu miedo, separando espacios que llevabas dentro. Eres el ser más precioso que yo he conocido, el beso suave que, cual la nieve azul, delata que estás, pero no te encuentras... tu enfermedad te hace glorioso, único espécimen, más convierte mis deseos en irrefrenables ansias de llorar.

Cuando pienso que estás conmigo y veo esos ojos verdes con estrellitas de brillo, te imploro que te internes para que se te controle tu locura, que dejes que yo te medique, para así estar medio dormido... junto a mí. Siento que soy muy cruel por querer que tu cerebro deje de galopar por ese prado sin límites ni puntos referenciales, pero, amor, no puedo más... ver que te hundes entre tu nieve, que te pierdes en mil fragmentos, que no sabes a que juega esa mente que quiere que la olvides... Te digo "Alfredo!" y me respondes sorprendido: ¿Y ése quién es?

¿Quién es aquél a quien tanto he amado? ¿Cuál de sus pedazos es mi enamorado? ¿Qué era el amor desaparecido en la tormenta? ¿Qué dios malvado lo llevó hasta las simas profundas de los océanos? Y... Oh Señor! ¿Quién soy yo? ¿Quién soy que me pregunto, que no veo las luces nocturnas, las cuales al viajero avisan de los desfiladeros fatales..? ¿Quién, quién, soy yo...?
 
Bien formulado el relato, la sutileza del principio, deleitante, y, lo que me agradó más, la parte final, bien plasmado el sentimiento que hizo que mi mente se transformase en esa chica confusa, casi desesperada.

Cuidate.
 
Eres muy amable. Te agradezco el interés con que has leído la narración. En el final, en efecto, la idea era de que la propia persona que relata estuviera inmersa en la misma confusión que comentaba de su amado. Unos mundos personales llenos de neblina sin realidad ni fantasías delimitadas entre si. Quizá incluso hablando de si misma todo el relato.
Un cordial saludo.
 
Muchas gracias César. Llevas razón en lo de que la mejor respuesta es la que no da ninguna. En realidad, no sabemos nada. ¿A qué viene esa verborrea de los templos afirmándose que se sabe todo? Qué absurdo!
 

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