child-of-the-grave
Poeta adicto al portal
¿Quién te quita lo bailado?
No dances,
bailá.
Entregate
al espasmo de
la cotidianidad,
a la subversión de
las articulaciones
que se quiebran
y estallan
en millares
de ángulos
imperfectos,
escapando
del trayecto
obligatorio
de las paralelas.
Fundilas,
engañalas,
seducilas
con tus codos
y rodillas
hasta que
se retuerzan,
giman, se rocen
y se exciten.
Enseñales
el confuso gozo
de un embrollo;
que copulen hasta
el orgasmo
en la bacanal
de rectas lívidas
que escupieron
su linaje y
abrazaron
el libertinaje.
Bailá al ritmo
de la murga
de segundos
que recorre
tus callejones.
No esperes
a que el telón
dé su aprobación,
revolcate por
el lienzo del asfalto
grabando el oleaje
de tu cuerpo
desenfrenado.
¡Gritá!
¡Escupí!
¡Maldecí!
Pero
no te entregues
nunca al arrullo
de la armonía
que pretende
momificarte
como si fueras
un aborto
de la libertad
de tus huesos.
No te engañes,
no te duermas,
no te creas
especial
por danzar
una vez al día
al son de
un soplido
precoz
de melodía.
Remontate
al espasticismo,
rendite
a la ataxia
motriz
que exalta tus
extremidades
haciéndolas
deformar
el espacio
que pretende
retenerlas.
Marealas,
confundilas,
dejalas girar
en el remolino
de tus sentidos
y vomitar gestos
y posturas que
destrocen el
protocolo corporal.
¿Qué importan
las leyes de la física?
Sacá a bailar
a la gravedad,
a la locura,
a la rutina,
a la opresión,
a la sinrazón.
Andá, bailá
con la muerte
si querés.
Pero de
ninguna manera
dances con
el tiempo.
Por si
no sabías:
dicen que
un buen baile
nunca se olvida.
bailá.
Entregate
al espasmo de
la cotidianidad,
a la subversión de
las articulaciones
que se quiebran
y estallan
en millares
de ángulos
imperfectos,
escapando
del trayecto
obligatorio
de las paralelas.
Fundilas,
engañalas,
seducilas
con tus codos
y rodillas
hasta que
se retuerzan,
giman, se rocen
y se exciten.
Enseñales
el confuso gozo
de un embrollo;
que copulen hasta
el orgasmo
en la bacanal
de rectas lívidas
que escupieron
su linaje y
abrazaron
el libertinaje.
Bailá al ritmo
de la murga
de segundos
que recorre
tus callejones.
No esperes
a que el telón
dé su aprobación,
revolcate por
el lienzo del asfalto
grabando el oleaje
de tu cuerpo
desenfrenado.
¡Gritá!
¡Escupí!
¡Maldecí!
Pero
no te entregues
nunca al arrullo
de la armonía
que pretende
momificarte
como si fueras
un aborto
de la libertad
de tus huesos.
No te engañes,
no te duermas,
no te creas
especial
por danzar
una vez al día
al son de
un soplido
precoz
de melodía.
Remontate
al espasticismo,
rendite
a la ataxia
motriz
que exalta tus
extremidades
haciéndolas
deformar
el espacio
que pretende
retenerlas.
Marealas,
confundilas,
dejalas girar
en el remolino
de tus sentidos
y vomitar gestos
y posturas que
destrocen el
protocolo corporal.
¿Qué importan
las leyes de la física?
Sacá a bailar
a la gravedad,
a la locura,
a la rutina,
a la opresión,
a la sinrazón.
Andá, bailá
con la muerte
si querés.
Pero de
ninguna manera
dances con
el tiempo.
Por si
no sabías:
dicen que
un buen baile
nunca se olvida.