Siempre Geralda
Poeta que considera el portal su segunda casa
Iba camino a la loma
disfrutando de lo que queda,
me detuvo una amapola
para contarme su pena.
Llena de abrojos me dijo
con una mirada ajena:
¡Mira como la trata su hijo,
sin piedad, todo envenena!
Me encontré con el coquí
agonizante y maltrecho.
Agregaba: ¡Soy de aquí,
aunque llevo roto el pecho!
Sentado sobre el yagrumo,
el ruiseñor musitaba:
No tiene lo que tuvo.
¡No le alegran mis tonadas!
La niebla desplazada
bajo humo intoxicante;
tristemente murmuraba:
¡Ya no es lo mismo de antes!
La palma arriba en la cuesta
preguntaba confundida:
¿Por qué el mañana demuestra
mucha más muerte que vida?
Esquivé cada quejido
al carecer de palabras
y gritaba el roble erguido:
Quién tenga la llave ¡que abra!
disfrutando de lo que queda,
me detuvo una amapola
para contarme su pena.
Llena de abrojos me dijo
con una mirada ajena:
¡Mira como la trata su hijo,
sin piedad, todo envenena!
Me encontré con el coquí
agonizante y maltrecho.
Agregaba: ¡Soy de aquí,
aunque llevo roto el pecho!
Sentado sobre el yagrumo,
el ruiseñor musitaba:
No tiene lo que tuvo.
¡No le alegran mis tonadas!
La niebla desplazada
bajo humo intoxicante;
tristemente murmuraba:
¡Ya no es lo mismo de antes!
La palma arriba en la cuesta
preguntaba confundida:
¿Por qué el mañana demuestra
mucha más muerte que vida?
Esquivé cada quejido
al carecer de palabras
y gritaba el roble erguido:
Quién tenga la llave ¡que abra!