Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
El invierno ha dejado
en tu semblante
frialdades en injertos
como autopsias de una mirada acero inoxidable.
Turbador misterio del
poco calor de la llama
que tintinea moribunda
en tus pupilas.
Aunque sea suficiente
para alegrar la polaridad
de un planeta que se acerca como eclipse
de toda tu furia abandonada
a las sombrías necedades
de los contornos aplaudidos
por el celo y la conjetura.
Así la primavera,
el deshielo quiso que la noche
Se destiñese en los pelos
de tu sol, tan tenue como
la caricia de tus ojos abrigados al dolor de la vuelta a la flora.
Ya brindando segundas
oportunidades porque quién tuvo, retuvo salinidades de belleza
abriéndose a la luz.
en tu semblante
frialdades en injertos
como autopsias de una mirada acero inoxidable.
Turbador misterio del
poco calor de la llama
que tintinea moribunda
en tus pupilas.
Aunque sea suficiente
para alegrar la polaridad
de un planeta que se acerca como eclipse
de toda tu furia abandonada
a las sombrías necedades
de los contornos aplaudidos
por el celo y la conjetura.
Así la primavera,
el deshielo quiso que la noche
Se destiñese en los pelos
de tu sol, tan tenue como
la caricia de tus ojos abrigados al dolor de la vuelta a la flora.
Ya brindando segundas
oportunidades porque quién tuvo, retuvo salinidades de belleza
abriéndose a la luz.
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