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¿Quieren hechos?

Anna Politkóvskaya

Poeta fiel al portal
Señoras y señores, si quieren hechos
cómprense un libro de historia
y si les interesan actuales y retocados,
hasta el punto de convertirse
en un remedo de sí mismos,
por poco más de un óbolo
pueden degustarlos diariamente
de todas las tendencias y colores
con la capacidad suficiente
para satisfacer los instintos más bajos.
Digo esto, porque la contingencia
se ha adueñado de mis versos
De hecho, en toda mi obra poética
nada ha ocurrido ni ocurrirá jamás
-o tal vez sí, quién sabe-.
Si esperaban más de mí, siento defraudarles;
pero la verdad como la suprema virtud
de hacer el bien y la risa
como ejercicio corporal saludable,
aunque la vulgaridad sea su causa,
es todo lo que puedo ofrecer
sabiendo a ciencia cierta que corro
el riesgo del escarnio público
y de que se me tilde con todos
los tópicos del poeta maldito:
mentiroso compulsivo, estafador,
filósofo de pacotilla, alcohólico,
drogadicto, sifilítico y putero.
No rebusquen, por tanto, entre mis poemas
sortilegios o fórmulas milagrosas
que los liberen de su miserable existencia:
un libro de autoayuda
les prestará un servicio más eficaz.
Además, caigan ya del burro,
un poeta no es el más indicado
para dar lecciones de vida ni de nada.
Bastante tiene ya con activar emociones,
lo que no siempre consigue
y resulta muy frustrante.

¿Quieren hechos? Constrúyanlos
siendo sus propios protagonistas,
interaccionando con sus semejantes,
viviendo. Mírense a la cara, tóquense,
huélanse, hablen o grítense, follen,
mucho o poco, pero follen
y amen y odien también si es necesario,
tengan hijos o no los tengan,
láncense al vacío o a la aventura
y luchen por la justicia social
y la igualdad definitiva entre mujeres
y hombres y tomen las calles siempre
por las causas perdidas y la utopía y hagan,
porque mañana no será lo que dios quiera,
la revolución para cambiar el mundo irrespirable,
corrompido, explotador, sucio, mísero
e insoportablemente desigual en el que viven;
muéranse, no por nada en particular,
sino porque un día tendrán que hacerlo,
sufran el dolor de la pérdida,
la nostalgia de la ausencia, los estragos del olvido,
sangren, por favor, sangren y lloren de alegría
porque significa que aún perciben en su pecho la lírica
de un órgano que late mientras agitan con sus huellas
las aguas verdes del pasado, hacen historia
y ponen los cimientos del futuro;
pero, por lo que más quieran, dejen ya de triturarme las gónadas.
 
Última edición:
F
Señoras y señores,
si quieren hechos
cómprense un libro de historia
y si les interesan actuales y retocados
hasta el punto de convertirse
en un remedo de sí mismos,
por poco más de un euro
pueden degustarlos diariamente
de todas las tendencias y colores
con la capacidad suficiente
para satisfacer los instintos más bajos.
Digo esto, porque la contingencia
se ha adueñado de mis versos.
De hecho, en mis poemas nada
ha ocurrido ni ocurrirá jamás, ¿o sí?
Siento defraudarles, porque sé
que esperaban más de mí;
pero la verdad como la suprema virtud
de hacer el bien y la risa
como ejercicio corporal saludable
-aunque la vulgaridad sea su causa-
es todo lo que puedo ofrecer,
sabiendo a ciencia cierta que corro
el riesgo del escarnio público
y de que se me tilde con todos
los tópicos del poeta maldito:
mentiroso compulsivo, estafador,
filósofo de pacotilla, alcohólico,
drogadicto, sifilítico y putero.
¿Qué esperaban encontrar en mis versos?,
¿sortilegios o fórmulas milagrosas
que les liberaran de su miserable existencia?
Un libro de autoayuda
les prestará un servicio más eficaz.
Además, caigan ya del burro,
un poeta no es el más indicado
para dar lecciones de vida ni de nada.
Bastante tiene ya con activar emociones,
lo que no siempre se consigue
y resulta muy frustrante.
¿Quieren hechos? Constrúyanlos
siendo sus propios protagonistas,
interaccionando con sus semejantes,
viviendo. Mírense a la cara, tóquense,
huélanse, hablen o grítense, follen,
mucho o poco, pero follen
y amen y odien también si es necesario,
tengan hijos o no los tengan,
láncense al vacío o a la aventura y luchen
por la justicia social y la igualdad efectiva
y definitiva entre mujeres y hombres
y tomen las calles siempre
por las causas perdidas y la utopía
y hagan, ¿por qué no?, la revolución
para cambiar el mundo en el que viven
porque les resulta irrespirable, corrompido,
explotador, sucio, mísero
e insoportablemente desigual,
muéranse porque un día habrá que hacerlo,
sufran el dolor de la pérdida,
la nostalgia de la ausencia, los estragos
del olvido, sangren, por favor, sangren y lloren
de alegría porque respiran y están
escribiendo su puta historia;
pero dejen ya de tocarme los cojones.
Hola.
Fantástico! !!!!!!!!!
Aplausos de pie!!!
Felicitaciones
 
Señoras y señores,
si quieren hechos
cómprense un libro de historia
y si les interesan actuales y retocados
hasta el punto de convertirse
en un remedo de sí mismos,
por poco más de un euro
pueden degustarlos diariamente
de todas las tendencias y colores
con la capacidad suficiente
para satisfacer los instintos más bajos.
Digo esto, porque la contingencia
se ha adueñado de mis versos.
De hecho, en mis poemas nada
ha ocurrido ni ocurrirá jamás, ¿o sí?
Siento defraudarles, porque sé
que esperaban más de mí;
pero la verdad como la suprema virtud
de hacer el bien y la risa
como ejercicio corporal saludable
-aunque la vulgaridad sea su causa-
es todo lo que puedo ofrecer,
sabiendo a ciencia cierta que corro
el riesgo del escarnio público
y de que se me tilde con todos
los tópicos del poeta maldito:
mentiroso compulsivo, estafador,
filósofo de pacotilla, alcohólico,
drogadicto, sifilítico y putero.
¿Qué esperaban encontrar en mis versos?,
¿sortilegios o fórmulas milagrosas
que les liberaran de su miserable existencia?
Un libro de autoayuda
les prestará un servicio más eficaz.
Además, caigan ya del burro,
un poeta no es el más indicado
para dar lecciones de vida ni de nada.
Bastante tiene ya con activar emociones,
lo que no siempre se consigue
y resulta muy frustrante.
¿Quieren hechos? Constrúyanlos
siendo sus propios protagonistas,
interaccionando con sus semejantes,
viviendo. Mírense a la cara, tóquense,
huélanse, hablen o grítense, follen,
mucho o poco, pero follen
y amen y odien también si es necesario,
tengan hijos o no los tengan,
láncense al vacío o a la aventura y luchen
por la justicia social y la igualdad efectiva
y definitiva entre mujeres y hombres
y tomen las calles siempre
por las causas perdidas y la utopía
y hagan, ¿por qué no?, la revolución
para cambiar el mundo en el que viven
porque les resulta irrespirable, corrompido,
explotador, sucio, mísero
e insoportablemente desigual,
muéranse porque un día habrá que hacerlo,
sufran el dolor de la pérdida,
la nostalgia de la ausencia, los estragos
del olvido, sangren, por favor, sangren y lloren
de alegría porque respiran y están
escribiendo su puta historia;
pero dejen ya de tocarme los cojones.
En mis pagos decimos dejen ya de romper las bolas o tocarme los huevos :P Pero sí, coincido a full :D

Es más en la primer parta hasta me sentí identificado hahahaha

Genial poema; por lo menos me divertí mucho.

Un abrazo.
 
En mis pagos decimos dejen ya de romper las bolas o tocarme los huevos :p Pero sí, coincido a full :D

Es más en la primer parta hasta me sentí identificado hahahaha

Genial poema; por lo menos me divertí mucho.

Un abrazo.

Amigo poeta, si este poema te resultó divertido, por mi parte objetivo conseguido.
Un cordial saludo.
 
Yo creo que en un futuro cercano nadie va a ser capaz de hacer nada sin una tablet o un móvil en sus manos, ni siquiera echar un polvo ;).
Buen poema. Un abrazo.
 

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