Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Quiero librarte de mi territorio de ficción.
He de pasar un tiempo en la palabra sin origen.
Yo la reclamo, como lecho de vida,
aquellas que no entonan la sola presencia.
Verás, aquí desde hace un tiempo
se mudaron las piedras.
La casa se levantó de raíz y se fue,
solo quedó un hueco en el aire
que late como un corazón.
Aquella calle de la sombra viril
sacó su resguardo de congoja.
Su útero sombrío levantó sus hijos luminosos
entre venas enfermas de salitre
y se marchó, se fue lejos de nosotros
Arrastró sus muertos hacia el mar
para ser olvido o soledad
no lo sé, pronto, sin su presencia
me arrastrará la ciencia.
El vano metal de un ocaso labriego
pasará sus dedos por mi espejo solitario
y todo comenzará de nuevo
como si no existiéramos.
Como si no existiéramos.
He de pasar un tiempo en la palabra sin origen.
Yo la reclamo, como lecho de vida,
aquellas que no entonan la sola presencia.
Verás, aquí desde hace un tiempo
se mudaron las piedras.
La casa se levantó de raíz y se fue,
solo quedó un hueco en el aire
que late como un corazón.
Aquella calle de la sombra viril
sacó su resguardo de congoja.
Su útero sombrío levantó sus hijos luminosos
entre venas enfermas de salitre
y se marchó, se fue lejos de nosotros
Arrastró sus muertos hacia el mar
para ser olvido o soledad
no lo sé, pronto, sin su presencia
me arrastrará la ciencia.
El vano metal de un ocaso labriego
pasará sus dedos por mi espejo solitario
y todo comenzará de nuevo
como si no existiéramos.
Como si no existiéramos.
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