Cris Cam
Poeta adicto al portal
Quilmes, el sabor encuentro
"¡My God!,¿ what have we done?"
Colonel, Paul Tibbets, 6-Au
No, pibe, es tarde.
No te podés quejar ahora,
que sentís el semen caliente en tu recto.
El respeto viene un poco antes.
Acaso ya no sentías esa presión de pija
cuando viajabas al yugo
de cada mañana.
Pero claro.
Desde los tiempos de “Los Teritos”,
hasta la lectoescritura psicogenética.
Estuvieron ellos.
Controlando.
En su panóptico implacable.
La escarapelita. “Oid, mortales”.
La banderita “Alta en el cielo”.
El ejército “reserva moral de la patria”.
Y ese señor, con cara de orto,
adalid de los próceres que masacraron al Paraguay.
Hermana república, claro, después,
de haberse doblegado a la Reina Madre,
de no haberle quedado varón capaz de levantar una piedra.
Y este señor, reverendo hijo de puta,
tiene un día en el calendario: Día del maestro.
El mismo que cuando Pinocho,
masacró a la hermana Chile.
El mismo en que los servicios secretos,
dejaron que unas torres se viniesen abajo.
Los Quilmes.
Esos sí son ejemplo.
No se quisieron arrodillar
al sádico español.
(¡Bah, el sádico de turno!).
Ese que no estaba para labrar la tierra,
ni allá ni acá.
Prefigura del clásico corrupto americano.
Y los Quilmes que no se entregaron.
No aceptaron la derrota.
Cinco mil kilómetros a pie
desde Santiago hasta Buenos Aires.
A morir,
extinguirse en la reserva.
Wichis, Tobas, Querandíes,
Collas, Mapuches, Comechingones.
Nada. Nada. Nada.
Sólo la fatiga de una muerte,
una genomuerte anunciada.
Pero, bueno.
Comprate una birrita.
Y mirá como el almanaque
se llena de fechas raras:
11-S, 11-M, 7-S.
Otros Wichis.
De otras tierras,
De ojos azules, algunos.
Otros peones sacrificables
para defender las figuras mayores.
Creo que faltan algunas fechitas.
6-Au, cuando Litle Boy acarició Hiroshima.
26-Ap, un díscolo reactor en Chernobil.
Las fechitas, en que tantos sudamericanos
dejaron de tener identidad.
“Por algo habrá sido”.
Y Bertold
(que ignoro, si como buen alemán, bebía cerveza),
que sigue diciéndonos:
“Ya es tarde, golpean a mi puerta”.
Pero yo,
que no tengo ni un solo genoma de esta gloriosa estirpe,
lloro desde hace 500 años.
Pero más, desde la traición,
luego que la cabeza del rey rodó en la canasta.
Pero tomate una birrita.
Fumate un porrito.
Poné a Susana Gimenez.
Cogete una pendeja cartonera.
Quilmes, el sabor del encuentro.
"¡My God!,¿ what have we done?"
Colonel, Paul Tibbets, 6-Au
No, pibe, es tarde.
No te podés quejar ahora,
que sentís el semen caliente en tu recto.
El respeto viene un poco antes.
Acaso ya no sentías esa presión de pija
cuando viajabas al yugo
de cada mañana.
Pero claro.
Desde los tiempos de “Los Teritos”,
hasta la lectoescritura psicogenética.
Estuvieron ellos.
Controlando.
En su panóptico implacable.
La escarapelita. “Oid, mortales”.
La banderita “Alta en el cielo”.
El ejército “reserva moral de la patria”.
Y ese señor, con cara de orto,
adalid de los próceres que masacraron al Paraguay.
Hermana república, claro, después,
de haberse doblegado a la Reina Madre,
de no haberle quedado varón capaz de levantar una piedra.
Y este señor, reverendo hijo de puta,
tiene un día en el calendario: Día del maestro.
El mismo que cuando Pinocho,
masacró a la hermana Chile.
El mismo en que los servicios secretos,
dejaron que unas torres se viniesen abajo.
Los Quilmes.
Esos sí son ejemplo.
No se quisieron arrodillar
al sádico español.
(¡Bah, el sádico de turno!).
Ese que no estaba para labrar la tierra,
ni allá ni acá.
Prefigura del clásico corrupto americano.
Y los Quilmes que no se entregaron.
No aceptaron la derrota.
Cinco mil kilómetros a pie
desde Santiago hasta Buenos Aires.
A morir,
extinguirse en la reserva.
Wichis, Tobas, Querandíes,
Collas, Mapuches, Comechingones.
Nada. Nada. Nada.
Sólo la fatiga de una muerte,
una genomuerte anunciada.
Pero, bueno.
Comprate una birrita.
Y mirá como el almanaque
se llena de fechas raras:
11-S, 11-M, 7-S.
Otros Wichis.
De otras tierras,
De ojos azules, algunos.
Otros peones sacrificables
para defender las figuras mayores.
Creo que faltan algunas fechitas.
6-Au, cuando Litle Boy acarició Hiroshima.
26-Ap, un díscolo reactor en Chernobil.
Las fechitas, en que tantos sudamericanos
dejaron de tener identidad.
“Por algo habrá sido”.
Y Bertold
(que ignoro, si como buen alemán, bebía cerveza),
que sigue diciéndonos:
“Ya es tarde, golpean a mi puerta”.
Pero yo,
que no tengo ni un solo genoma de esta gloriosa estirpe,
lloro desde hace 500 años.
Pero más, desde la traición,
luego que la cabeza del rey rodó en la canasta.
Pero tomate una birrita.
Fumate un porrito.
Poné a Susana Gimenez.
Cogete una pendeja cartonera.
Quilmes, el sabor del encuentro.