Mercedes Bou Ibáñez
Poeta recién llegado
Soñamos, vivimos, luchamos, soñamos y volvemos a soñar,
algunas veces amamos, casi siempre, a quien no se deja amar.
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Pasamos, vamos pasando por este sendero largo
de miserias y oscuridad, buscando nuestra verdad,
queriendo huir del fango, que nos envuelve, nos estrecha,
de esa puerta que se cierra, ¡de nuestra propia soledad!
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Huimos y seguimos huyendo, luchamos presintiendo
que la lucha está perdida, ¡la muerte gana a la vida! ¡Siempre!
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Y nos vamos perdiendo en la oscuridad de nuestros días,
poco a poco muriendo, sin recibir de la vida ayudas
para luchar con la muerte, que nos persigue, nos acosa
detiene nuestras vidas y destroza.
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¡Qué negra nuestra suerte! ¿Qué pecado cometió el ser?
¿Qué delito tan grave, para tener que perecer?
¡Sin lucha! ¿Quién sabe?
Y las sombras inexorables de la muerte nos persiguen,
van extendiendo su sable ¡y recogen... nunca piden!
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Y tú te marchaste una mañana fría, vinieron a buscarte sin llamar,
en tempranas horas de tu vida. ¡La muerte... no avisa jamás!
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No perdona, no respeta, para ella no existen primaveras,
todas las puertas están abiertas. ¡Todas las almas, jóvenes y viejas!
¡Y la tuya, tan joven!¿Por qué? ¿Por qué te tocó marchar,
hiciste algún mal tal vez? ¡Por qué no olvidó este lugar?
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¡Quisiera maldecir la muerte y callo, callo para recordarte hermano!
Tan joven, lleno de vida. ¡Quisiera olvidar y maldigo,
a la muerte que no olvida!
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A esa muerte que busca ufana lo mas bello de la vida.
¡Esa muerte que rompe, desgarra, miles de ilusiones y tira,
por la borda de un abismo hondo, toda una vida de pasión
que todavía no encontró fondo!
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Pero la muerte no tiene corazón, se llevó tu juventud, con ella la mía
y la sombra de tu recuerdo eterno va persiguiendo mis días.
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Me sumerjo en un infierno al recordar las huellas vividas
y no sentirte cerca, junto a mí, no escuchar tus risas, no sentir,
tus ansias locas de vivir.
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De mi mente quisiera apartar los recuerdos que me duelen,
quisiera poder, por ti luchar contra la muerte.
¡Pero los muertos... no vuelven!
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Hasta siempre Quisco hermano, ¡volveremos a encontrarnos!
Mi Iván ya se fue a buscarte y le encargué si te halla,
que de mi parte te de, dos besos y un fuerte abrazo.