el punto del milagro entre lo abstracto y lo real
Ser lazarillo trazando espejos en tu cuitado caminar
Ahora sí que me voy a regalar el derecho de reputarte, jeje, porque una vez más has dejado una muestra encantadora de tu talento. El poema es muy claro, llega perfectamente cada metáfora. He destacado algunos versos arriba y aquí abajo:
ser ese paisaje incandescente, sin final
que enlaza la corta vida con la muerte eterna.
Es un propósito muy amoroso, muy loable, tal y como lo describes es algo apasionado sin dolor, eufórico en el sentir pero no en la acción, hábil en lo etéreo, en el exclusivo sentimiento que se va haciendo con cada verso y cada sílaba que los llena y rellena de calor. Al final, un poema que labora en el alma de la autora, pergeña verdades cobrándoles formas que se encuentran en el tic-tac del reloj (su longevidad, su edad), en los espejos de los caminos que trazan (la mirada interna, la melancolía, el pensamiento y la reflexión), el punto de equilibrio al que solo el funambulista es capaz de llegar. Todo eso va apareciendo.
El final también conmueve.
pero el día arrimó en mis retinas tu poblada realidad,
apagando luces, cerrando puertas.
La poblada realidad que, a veces, no es sino una compleja red de ausencias que siegan la respiración del enfermo, del ido del amor. La poblada espera, harta de segundos sin fruto que van muriendo sin sepultar. La poblada habitación de recuerdos, arrugas en las sábanas, en la mejilla apoyada contra la almohada, hurgando los viajes del tiempo y del recuerdo, animando en el suspiro el lento camino de las rodillas en la abrasión.
Apagando luces, cerrando puertas. Dejando a oscuras el pasillo, la sala, la habitación.
Es un hermoso poema, Nancy, te dejo mi abrazo y mi rep. ¡Qué bien te sienta esa copita casi en la firma! ¿está llena? Tengo sed, por cierto...