Una noche de hastío
te encontré solitaria
en el margen del río.
-¡Qué dolor me causó tan profundo!-
Estabas empapada del agua,
del frío vapor del rocío.
Tu mirada diáfana perdida
en el remolino del agua
que conduce al olvido.
Te dije: Hermosa flor de espectro divino,
si es tu olor tan breve y efímero
¿Porqué no te quedas conmigo?
Yo soy hombre tormenta,
me embriagará tu perfume
cuando al albor del día
despiertes conmigo.
Los truenos encontrarán
mis silencios en el viento perdidos
y un relámpago enérgico
en mi corazón escondido
encenderá entre las nubes
tus sueños prohibidos.
Yo también tengo miedo
- dije severo y firme-
Pero tus pétalos caídos
abrigaran nuestros cuerpos
como un manto tendido.
Y antes de morir
-oh triste flor hermosa y efímera-
no temas más al vacío:
Deja que me envuelva tu esencia,
deja que en ese preciso instante comprenda
tu estrecho y radiante perfume:
Conduciré entonces la tormenta
hacia nuestro eterno destino.
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