Siempre me llamó la atención aquella casona del promontorio que, desde el pequeño cabo en que se asentaba, dominaba las playas de Mera y de Espiñeiro. Su estilo modernista contrastaba con la geometría cartesiana de sus jardines casi versallescos. Presentaba un moderado aspecto de abandono y deterioro, más evidente en la mansión que en los jardines, pero su imponente aspecto, y su peculiar ubicación, seguían destacando en la bahía.
Desconozco la historia de esa casa, pero lo que sí consta en las hemerotecas es que fue testigo de grandes y de pequeñas tragedias... En plena Costa de la Muerte, podría haber firmado la muerte de cientos (tal vez miles) de pescadores que se habían acercado demasiado a las rocas de La Marola, o a los acantilados del Seixo Branco, para chivear robaliza... ¡Mala mar es ésa, pero hambre obliga!. También disfrutó, desde la primera fila del patio de butacas, de espectáculos desastrosos de enormes proporciones, como el embarrancamiento del carguero (cuyo nombre no recuerdo) que dejó desperdigados por la costa todos los barriles de mercurio que transportaba; o los accidentes -algo más recientes- del Urquiola y del Mar Egeo, que tiñeron durante décadas las playas con el crudo destinado a la refinería de petróleos de La Coruña.
Pero no solo era eso lo que me fascinaba. Recuerdo que en mi niñez tardía, y en mi juventud temprana, solía ir con mi padre a pescar múgeles y anguilas a la laguna salobre del pueblo de Mera. Entonces, las construcciones de primera línea de playa no existían, y los ventanucos de la torre de la mansión se nos clavaban en el cogote... Sin duda, nos estaba vigilando.
Dejé de frecuentar aquellos parajes algo después de entrar en la universidad... Pero, de vez en cuando, quizás en sueños, la imagen de la casona, amenazadora, aparecía nítida en mi memoria... como un "flash"... como recordándome que todavía seguía allí...
NOTA. SOLICITO OPINION... ¿SIGO O A LA BASURA?
xxx
Churrete
Desconozco la historia de esa casa, pero lo que sí consta en las hemerotecas es que fue testigo de grandes y de pequeñas tragedias... En plena Costa de la Muerte, podría haber firmado la muerte de cientos (tal vez miles) de pescadores que se habían acercado demasiado a las rocas de La Marola, o a los acantilados del Seixo Branco, para chivear robaliza... ¡Mala mar es ésa, pero hambre obliga!. También disfrutó, desde la primera fila del patio de butacas, de espectáculos desastrosos de enormes proporciones, como el embarrancamiento del carguero (cuyo nombre no recuerdo) que dejó desperdigados por la costa todos los barriles de mercurio que transportaba; o los accidentes -algo más recientes- del Urquiola y del Mar Egeo, que tiñeron durante décadas las playas con el crudo destinado a la refinería de petróleos de La Coruña.
Pero no solo era eso lo que me fascinaba. Recuerdo que en mi niñez tardía, y en mi juventud temprana, solía ir con mi padre a pescar múgeles y anguilas a la laguna salobre del pueblo de Mera. Entonces, las construcciones de primera línea de playa no existían, y los ventanucos de la torre de la mansión se nos clavaban en el cogote... Sin duda, nos estaba vigilando.
Dejé de frecuentar aquellos parajes algo después de entrar en la universidad... Pero, de vez en cuando, quizás en sueños, la imagen de la casona, amenazadora, aparecía nítida en mi memoria... como un "flash"... como recordándome que todavía seguía allí...
NOTA. SOLICITO OPINION... ¿SIGO O A LA BASURA?
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Churrete