Raquel

Minoldo

Poeta recién llegado


Nacida en tiempos de paz
entre inmigrantes de Sija
de aquellos guerreros hija
bella cual nadie jamás.


Tu risa alegró el hogar
correteando traviesa
y jugando a ser princesa
en el materno solar.


Ojos reflejo de cielo
tenían belleza extraña
y alabeadas pestañas
que les servían de velo.


¿Y qué ofrenda te dio el sol?
¡El dorado de tu pelo!
Que descendió desde el cielo
en refulgente arrebol.


Fue en ese tiempo de ayer
paseando en la campiña
cuando él miró a la niña
transformándose en mujer.


De niña a mujer pasabas
con belleza de mil flores
y ante los cantos de amores
avergonzada callabas.


El terciopelo en tu piel
y el rubor de tus mejillas
más tu elegancia chiquilla
fascinaron al doncel.


¡Oh! ¡Raquel! ¡Raquel! ¡Raquel!
El canto del trovador
que al trino de ruiseñor
pedía tu amor para él


Más se opuso al amor puro
tal intriga ponzoñosa
de malévola envidiosa
con un pensamiento oscuro.


¡Oh! ¡Raquel! ¡Raquel! ¡Raquel!
Era el grito del abuelo
al mirar allá en el cielo
señal del destino cruel.


El resplandor de un puñal
en la agonizante tarde
cortó fulminante el aire
en su descarga fatal.


Tu madre osó protegerte
enfrentando igual destino
en el oscuro camino
donde se asomó la muerte.


En aquel atardecer
la parca te dio el abrazo
con el que cortó tu paso
de transformarte en mujer.


Cual trémulo cirio que arde
hasta consumirse entero
te fuiste un dos de febrero
cuando moría la tarde


Sin descendencia te fuiste
¿cuál herencia nos dejaste
para poder recordarte?
¡La belleza que tuviste!


Domingo el abuelo fiel
cargó su arma yendo al vado
se fue a cazar un venado,
por su pequeña Raquel.


Al volver del vado aquel
montó presto en su caballo
yéndose un día de mayo
y tu recuerdo con él.


¡Oh! ¡Raquel! ¡Raquel! ¡Raquel!
Es el grito del abuelo
que resuena allá en el cielo
cabalgando en su corcel.
 
Última edición:
Un poema triste, pero bien compuesto, con mucha gracia.
Como si Raquel fuera bondadosa, y por lo tanto, comprensiva con lo abstracto.
¡ Buena !
Y por ser buena, no guarda rencor.


Deducimos que Raquel eres tú. O bueno, que tú no te enojas con quienes la mataron. Eso es importante.


Porque en el Creador, no hay enojo, ni risa.
Ni perdón, ni castigo.
Tampoco pena.


¡ Simplemente, Gloria !


Y por lo tanto, tu obra no es ni buena, ni mala. Ni bonita, ni fea. Simplemente, tuya.
 

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