Ratón de campo, ratón de ciudad. ¿ Ratón de jungla ?

Nommo

Poeta veterano en el portal
Se lo comen crudo,
y se siente maltratado.
Pangolín, como un armadillo,
cuyas escamas, presuntamente,
favorecen la salud sexual.
Física y mental, ¿ También
espiritual ? ¡ Buco-dental !
Supersticiones, me parece...
Pues en cada mundo habitado,
cuantas más creencias tienen,
más atrasados están.
Y que conste que la Madre Naturaleza
prefiere al reino vegetal,
antes que al animal,
con lo cuál, alimentarnos
a base de plantas sanadoras,
también consideradas sagradas,
por los chamanes de las tribus
primitivas ( para entendernos,
drogas, pero que en muy modestas dosis
pueden beneficiar al que se las coma
o beba en infusión ),
supone un cambio radical,
en la dieta humana ciudadana,
en pro de la adecuación,
a la circunstancia de lo macro,
dado que como es lo macro,
es lo micro: Madre Naturaleza
frente a los seres vivos.




Lo macro, sin agorafobia;
sin Miedo a los espacios abiertos.
Saliendo al encuentro del cielo azul,
con nubes blancas, en la rivera
de un río, o por el paseo
marítimo, pero lejos del hogar.


Aparte, el reino mineral,
también proporciona nutrientes
que nos servirían para modelarnos,
o formarnos como rocas humanas,
o hijos del Rock and Roll.
Léase " sal marina atlántica ",
sal del Mar Muerto, sal gris
francesa, o sal del Himalaya.
En cualquier caso, sal sin refinar.
Lo mismo, el azúcar moreno,
que duplica, o triplica
las cualidades del azúcar blanquilla,
la cuál pasó por distintos procesos,
para llegar a aparentar que es
¡ Recomendable para la salud !
¿ Tan sólo por su apariencia blanca,
como la nieve ? ¡ Alto ahí !
Azúcar de caña, marrón-dorada,
gruesa, ¡ Por favor ! Mucho más
coherente con las enseñanzas
platónicas, aristotélicas,
socráticas y filosóficas
de la Grecia Antigua.
Ahora bien, ésa es solamente,
una impresión que a mí me da,
a mis 41 años de vida; pues
no siempre estuvo a mi alcance,
esta terapia de sanación,
también denominada delfino-terapia,
pues aúpa al paciente a los sonidos
ultra de los delfines. Los escucha,
en todo momento, en la intimidad
de su cabeza ( de su habitación ).


Es decir que el cuerpo humano
es un templo, cuyas ventanas
son los ojos.
 
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