José rubiel Amaya Amaya
Poeta asiduo al portal
Con las mulas y los bueyes,
llego un grupo de antioqueños,
a esta hermosa cordillera
de empinadas montañas.
Y al pie de una de ellas,
encontraron muchas piedras,
que llamaron de maní
y por ende Manizales.
También hicieron un puente,
que atravesara el río,
abajo quedo la corriente
y más arriba el caserío.
Lejos se aprecia el nevado,
lo llaman león dormido,
porque en épocas despierta
lanzando un fuerte rugido.
Una noche despertó,
eso hace ya varios años,
por la montaña bajo
rugiendo enfurecido.
Y hasta el valle llegó,
dejando todo enterrado,
iglesias, casas, ganado,
en un instante borró.
Al leer nos pareciera,
Manizales, se acabo,
y fue todo lo contrario,
esta ciudad se creció.
En cambio si se acabó
el pueblo del otro lado,
“Armero”; así se llamó
aquel hermoso poblado.
Piedras, cenizas y lava,
que aquel volcán arrojó
en un instante arraso
la ciudad que allí quedaba.
Muchas victimas sin gloria
aquella tragedia sembró,
y hasta la iglesia en memoria
campo santo allí nombró.
llego un grupo de antioqueños,
a esta hermosa cordillera
de empinadas montañas.
Y al pie de una de ellas,
encontraron muchas piedras,
que llamaron de maní
y por ende Manizales.
También hicieron un puente,
que atravesara el río,
abajo quedo la corriente
y más arriba el caserío.
Lejos se aprecia el nevado,
lo llaman león dormido,
porque en épocas despierta
lanzando un fuerte rugido.
Una noche despertó,
eso hace ya varios años,
por la montaña bajo
rugiendo enfurecido.
Y hasta el valle llegó,
dejando todo enterrado,
iglesias, casas, ganado,
en un instante borró.
Al leer nos pareciera,
Manizales, se acabo,
y fue todo lo contrario,
esta ciudad se creció.
En cambio si se acabó
el pueblo del otro lado,
“Armero”; así se llamó
aquel hermoso poblado.
Piedras, cenizas y lava,
que aquel volcán arrojó
en un instante arraso
la ciudad que allí quedaba.
Muchas victimas sin gloria
aquella tragedia sembró,
y hasta la iglesia en memoria
campo santo allí nombró.