Eduardo Cevallos de Labra
Poeta fiel al portal
Era un nocturno de otoño;
glacial, tanto, tanto que
hasta los picos de los
pingüinos castañeaban
y en una aldea cercana se
hallaba el refugio de un
conejo, quien vivía feliz y
ajeno a las inclemencias
—Toc... toc... toc...
—¿Quién?
—Yooo, el sapitooo. Tengo
mucho fríooo, déjame entrarrr.
Y arrinconado en una
esquina, pronto el cuerpo del
batracio adquirió calor, por lo
que se esponjaba más y más
—Sapito ya no cabemos,
¿podrías ya no esponjarte?
—Quien no esté a gusto…
¡que se salga de la cueva!
Así como el huésped, de pronto
confundiste tus deberes con
el amor, haciendo de éste,
un sueño baladí;
filarmónica
de la ciudad sin maestro,
juego de luces con
respuesta tardía
veladas de estrellas
sin trovador...
¡simplemente una mujer,
ajena a mi presencia!
-----
mundopoesia.com
México, ene. 8, 2021.
Derechos reservados.
glacial, tanto, tanto que
hasta los picos de los
pingüinos castañeaban
y en una aldea cercana se
hallaba el refugio de un
conejo, quien vivía feliz y
ajeno a las inclemencias
—Toc... toc... toc...
—¿Quién?
—Yooo, el sapitooo. Tengo
mucho fríooo, déjame entrarrr.
Y arrinconado en una
esquina, pronto el cuerpo del
batracio adquirió calor, por lo
que se esponjaba más y más
—Sapito ya no cabemos,
¿podrías ya no esponjarte?
—Quien no esté a gusto…
¡que se salga de la cueva!
Así como el huésped, de pronto
confundiste tus deberes con
el amor, haciendo de éste,
un sueño baladí;
filarmónica
de la ciudad sin maestro,
juego de luces con
respuesta tardía
veladas de estrellas
sin trovador...
¡simplemente una mujer,
ajena a mi presencia!
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