Alexiz
Poeta adicto al portal
Espero. Te espero mientras
el viento pasa lentamente
a través de mi alma,
mientras me estira
como el tiempo y me toma
en todas direcciones,
haciendo de mi un minúsculo
grano de polvo en el universo
y su vastedad hilarante.
Hago mis amigos los instantes
en que se presenta la infinita
variedad de posibilidades
para ser feliz, los acojo
sin más, para intentar
-con la vorágine
de corazonadas resguardadas
en sus horizontes ignotos-
ser más yo,
mientras estoy sin ti
pero sin dejar de ser nosotros.
Espero. Te espero mientras
los votos de solidaridad
entre tu y yo se vuelven
un poco más recalcitrantes.
Y es que, a pesar de todo,
de la infinitesimales
posibilidades del desencuentro,
tiendo a creer que la entropía
implícita en nuestro mutuo
resentimiento oxidante y tóxico
podrá ser reducida
hasta quedar destruida,
prontamente, aumentando
con su desaparición
el espacio cedido por el caos
imperante.
¡Espero pues,
que des junto connmigo
un paso adelante,
sin importarnos el tiempo
ni las tempestades!
En fin ¿no somos, pues, las dos mitades
del mismo sentimiento?
el viento pasa lentamente
a través de mi alma,
mientras me estira
como el tiempo y me toma
en todas direcciones,
haciendo de mi un minúsculo
grano de polvo en el universo
y su vastedad hilarante.
Hago mis amigos los instantes
en que se presenta la infinita
variedad de posibilidades
para ser feliz, los acojo
sin más, para intentar
-con la vorágine
de corazonadas resguardadas
en sus horizontes ignotos-
ser más yo,
mientras estoy sin ti
pero sin dejar de ser nosotros.
Espero. Te espero mientras
los votos de solidaridad
entre tu y yo se vuelven
un poco más recalcitrantes.
Y es que, a pesar de todo,
de la infinitesimales
posibilidades del desencuentro,
tiendo a creer que la entropía
implícita en nuestro mutuo
resentimiento oxidante y tóxico
podrá ser reducida
hasta quedar destruida,
prontamente, aumentando
con su desaparición
el espacio cedido por el caos
imperante.
¡Espero pues,
que des junto connmigo
un paso adelante,
sin importarnos el tiempo
ni las tempestades!
En fin ¿no somos, pues, las dos mitades
del mismo sentimiento?
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