Recitado I.

.

[Audio] ;).

A mi querida amiga: Rosmery Pinilla Acosta por su poesía, porque me pidió que grabara este poema y porque quiero.
Un beso Ros.


A un pequeño poema como los pies de una mujer.
.
La poesía se manifiesta donde le plazca,
en una palabra sola,
o en todas las enciclopedias del mundo,
en los versos quemados que siendo adolescente
prendí con el alcohol de noches imposibles,
o en los que quemo ahora,
que soy un hombre viejo,
con el pavor de mis recuerdos usurpados
por fantasmas alegres y casquivanos…

poesía,
gustas cantar canciones en el aire derrumbado,
no siempre desafinadas.

Cantas;
cuando quiero dormir por la mañana,
en el medio día sin hambre,
en la siesta árida del camino que no lleva a ningún lado,
en mi noche desvelada:

silbas y cantas y
silbas y vuelves a cantar silbando,

hasta llenar los anaqueles indistintos de mi alma
con poderosos insectos:
hormigas voladoras,
abejas muertas,
larvas de un ciempiés trashumante de cariño;
hojas fósiles de un ciprés enano,
amargo dulce sueño... sin memoria;

sin ninguna araña.

Un dado mágico de cobre.

Y así,
por siempre.

Vives en el éter incoloro del espacio abierto
de las moléculas del agua,
donde sin un fin te pierdes
hasta la próxima madrugada,
dónde cansada ya de existir,
alargas tu lengua anacoreta,
agotada de mentiras piadosas,
para póstuma,
rodearte de un silencio de película muda,
de foto velada en blanco y negro,
de mar océano disecado entre estériles nubes huecas,
luego explotas,
porque siempre estallas en una pequeña
burbuja de gas,
ínfima,
universal,
gris,
pero sin ruido,
blandamente,
pero tan áspera,
como si dios tratara de conectar con señales de humo
todos los teléfonos inalámbricos,
descompuestos,
observador apático,
de un cielo de conejos que perdieron la fortuna.
Pero

de nuevo,
aquí me tienes,
con la esperanza de un alucinado,
sin camellos que bailen y fumen de tutú,
sin un oasis de sal negra
mezclándose en la sangre verde
de los saltamontes,

¿sientes:

la molesta mortecina mortal duda
bajo la uña de mi mano diestra?,

es el índice de una

afiebrada
melancolía,
un
melancólico
laúd
desenfrenado,
un
acordeón
sin aire

asmático,

tos.

Soy:
el portador aciago de un signo del mal azar,
desventurado interrogante roto,
un bolillero con pirinolas taradas en venenos dulzones.

Hasta que el arpa tartamuda de mis labios,
mi quebrada nariz cómo la luz de una vela encendida en la sinagoga,
mis párpados de certezas indecisas,
for men final mente
un rostro verdadero y limpio,
un Ícaro prudente pero determinado, y
yo pueda ser entonces,
la astilla de bambú que se incruste,
augustaagudaaguja,
ardiente espina,
en el postrero latir,
en la sístole infinitesimal del corazón
(discreta bomba de linfa),
de LA pánica polilla (blanca) de MIS versos.

Pequeño poema que giras en un pie desnudo
sobre la palma insomne de la cama:

sustancia,

semilla germinante,
ósculo vital de levadura,
atalaya de todos mis derroteros inconclusos.

¡Oh divina poesía!,

pan de mi alma;
dame la brújula perdida de los náufragos del miedo,
la claridad táctil de los ciegos analfabetos a la luna roja de Quevedo,
la sed imposible de los beodos del ajenjo.

Madre mía,
hágase la palabra según tu voluntad,
esencia eterna que me habitas,
arráncame los ojos,
trágatelos,
y
escupe en mi boca abierta el semen primero de tu asombro,
para que al leerte me alimentes,
para que al nombrarte te descubra;

sálvame del fuego,

o de las llamas,

o del fuego,


etcétera.



...:).
 
Última edición:
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[Audio] ;).

A mi querida amiga: Rosmery Pinilla Acosta por su poesía, porque me pidió que grabara este poema y porque quiero.
Un beso Ros.


A un poema pequeño como los pies de una mujer.
.

La poesía se manifiesta donde le apetece,
en una palabra sola,
o en todas las enciclopedias del mundo,
en los versos quemados que siendo adolescente
prendí con el alcohol de noches imposibles,
o en los que quemo ahora,
que soy un viejo,
con el pavor de mis recuerdos usurpados
por fantasmas alegres y casquivanos…


poesía,
gustas cantar canciones en el aire derrumbado,
no siempre desafinadas.


Cantas;
cuando quiero dormir por la mañana,
en el medio día sin hambre,
en la siesta árida del camino que no lleva a ningún lado,
en mi noche desvelada:


silbas y cantas y
silbas y vuelves a cantar silbando,


hasta llenar los anaqueles indistintos de mi alma
con poderosos insectos:
hormigas voladoras,
abejas muertas,
larvas de un ciempiés trashumante de cariño;
hojas fósiles de un ciprés enano,
amargo dulce sueño... sin memoria;


sin ninguna araña.

Un dado mágico de cobre.

Y así,
por siempre.


Vives en el éter incoloro del espacio abierto
de las moléculas del agua,
donde sin un fin te pierdes
hasta la próxima madrugada,
dónde cansada ya de existir,
alargas tu lengua anacoreta,
agotada de mentiras piadosas,
para póstuma,
rodearte de un silencio de película muda,
de foto velada en blanco y negro,
de mar océano disecado entre estériles nubes huecas,
luego explotas,
porque siempre estallas en una pequeña
burbuja de gas,
ínfima,
universal,
gris,
pero sin ruido,
blandamente,
pero tan áspera,
como si dios tratara de conectar con señales de humo
todos los teléfonos inalámbricos,
descompuestos,
observador apático,
de un cielo de conejos que perdieron la fortuna.
Pero


de nuevo,
aquí me tienes,
con la esperanza de un alucinado,
sin camellos que bailen y fumen de tutú,
sin un oasis de sal negra
mezclándose en la sangre verde
de los saltamontes,


¿sientes:

la molesta mortecina mortal duda
bajo la uña de mi mano diestra?,


es el índice de una

afiebrada
melancolía,
un
melancólico
laúd
desenfrenado,
un
acordeón
sin aire


asmático,

tos.

Soy:
el portador aciago de un signo del mal azar,
desventurado interrogante roto,
un bolillero con pirinolas taradas en venenos dulzones.

Hasta que el arpa tartamuda de mis labios,
mi quebrada nariz cómo la luz de una vela encendida en la sinagoga,
mis párpados de certezas indecisas,
for men final mente
un rostro verdadero y limpio,
un Ícaro prudente pero determinado, y
yo pueda ser entonces,
la astilla de bambú que se incruste,
augustaagudaaguja,
ardiente espina,
en el postrero latir,
en la sístole infinitesimal del corazón
(discreta bomba de linfa),
de LA pánica polilla (blanca) de MIS versos.

Pequeño poema que giras en un pie desnudo
sobre la palma insomne de la cama:

sustancia,

semilla germinante,
ósculo vital de levadura,
atalaya de todos mis derroteros inconclusos.


¡Oh divina poesía!,

pan de mi alma;
dame la brújula perdida de los náufragos del miedo,
la claridad táctil de los ciegos analfabetos a la luna roja de Quevedo,
la sed imposible de los beodos del ajenjo.


Madre mía,
hágase la palabra según tu voluntad,
esencia eterna que me habitas,
arráncame los ojos,
trágatelos,
y
escupe en mi boca abierta el semen primero de tu asombro,
para que al leerte me alimentes,
para que al nombrarte te descubra;

sálvame del fuego,

o de las llamas,

o del fuego,


etcétera.
...:).
una obra de arte...bellísimo poema
gracias por compartirlo
un abrazo
 
Woow, Gustavo,
ayer disfrutè leer este hermoso poema y hoy tengo placer de oír tu cálida voz recitando tus magníficos versos.
Felicitaciones y gracias a Ros, por pedirte que lo grabes, y a vos por compartirlo.
Saludos cordiales,
Romina
 
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[Audio] ;).

A mi querida amiga: Rosmery Pinilla Acosta por su poesía, porque me pidió que grabara este poema y porque quiero.
Un beso Ros.


A un pequeño poema como los pies de una mujer.
.
La poesía se manifiesta donde le plazca,
en una palabra sola,
o en todas las enciclopedias del mundo,
en los versos quemados que siendo adolescente
prendí con el alcohol de noches imposibles,
o en los que quemo ahora,
que soy un hombre viejo,
con el pavor de mis recuerdos usurpados
por fantasmas alegres y casquivanos…

poesía,
gustas cantar canciones en el aire derrumbado,
no siempre desafinadas.

Cantas;
cuando quiero dormir por la mañana,
en el medio día sin hambre,
en la siesta árida del camino que no lleva a ningún lado,
en mi noche desvelada:

silbas y cantas y
silbas y vuelves a cantar silbando,

hasta llenar los anaqueles indistintos de mi alma
con poderosos insectos:
hormigas voladoras,
abejas muertas,
larvas de un ciempiés trashumante de cariño;
hojas fósiles de un ciprés enano,
amargo dulce sueño... sin memoria;

sin ninguna araña.

Un dado mágico de cobre.

Y así,
por siempre.

Vives en el éter incoloro del espacio abierto
de las moléculas del agua,
donde sin un fin te pierdes
hasta la próxima madrugada,
dónde cansada ya de existir,
alargas tu lengua anacoreta,
agotada de mentiras piadosas,
para póstuma,
rodearte de un silencio de película muda,
de foto velada en blanco y negro,
de mar océano disecado entre estériles nubes huecas,
luego explotas,
porque siempre estallas en una pequeña
burbuja de gas,
ínfima,
universal,
gris,
pero sin ruido,
blandamente,
pero tan áspera,
como si dios tratara de conectar con señales de humo
todos los teléfonos inalámbricos,
descompuestos,
observador apático,
de un cielo de conejos que perdieron la fortuna.
Pero

de nuevo,
aquí me tienes,
con la esperanza de un alucinado,
sin camellos que bailen y fumen de tutú,
sin un oasis de sal negra
mezclándose en la sangre verde
de los saltamontes,

¿sientes:

la molesta mortecina mortal duda
bajo la uña de mi mano diestra?,

es el índice de una

afiebrada
melancolía,
un
melancólico
laúd
desenfrenado,
un
acordeón
sin aire

asmático,

tos.

Soy:
el portador aciago de un signo del mal azar,
desventurado interrogante roto,
un bolillero con pirinolas taradas en venenos dulzones.

Hasta que el arpa tartamuda de mis labios,
mi quebrada nariz cómo la luz de una vela encendida en la sinagoga,
mis párpados de certezas indecisas,
for men final mente
un rostro verdadero y limpio,
un Ícaro prudente pero determinado, y
yo pueda ser entonces,
la astilla de bambú que se incruste,
augustaagudaaguja,
ardiente espina,
en el postrero latir,
en la sístole infinitesimal del corazón
(discreta bomba de linfa),
de LA pánica polilla (blanca) de MIS versos.

Pequeño poema que giras en un pie desnudo
sobre la palma insomne de la cama:

sustancia,

semilla germinante,
ósculo vital de levadura,
atalaya de todos mis derroteros inconclusos.

¡Oh divina poesía!,

pan de mi alma;
dame la brújula perdida de los náufragos del miedo,
la claridad táctil de los ciegos analfabetos a la luna roja de Quevedo,
la sed imposible de los beodos del ajenjo.

Madre mía,
hágase la palabra según tu voluntad,
esencia eterna que me habitas,
arráncame los ojos,
trágatelos,
y
escupe en mi boca abierta el semen primero de tu asombro,
para que al leerte me alimentes,
para que al nombrarte te descubra;

sálvame del fuego,

o de las llamas,

o del fuego,


etcétera.



...:).
Que gusto me ha dado escucharte, y conocer tu voz y tu poesia.
Descubrimientos que nos acercan al otro.
Grande tu poesia Gustavo. Un recitado magnífico.
Gracias por compartir eso que llevas.
 

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