Old Soul
Poeta adicto al portal
A veces, mis sentidos
son aplastados por las penas,
y sólo percibo tristezas,
en cada visión, en cada sonido.
Por ello, esas veces,
el viento corta con alaridos,
rajándolo,
el doloroso olvido de mi carne,
reviviendo a mis muertos
para matarlos de nuevo,
entre viejos recuerdos,
derramando así nueva sangre.
Sangre que inunda
el turbio mar de mis pupilas
llenándolas a ellas de desaliento
y de candentes ascuas mis heridas,
bajo nubes amenazantes
de un siempre oscuro firmamento
que en otro tiempo,
casi ya olvidado,
le sabía dar miles de nombres.
Así, una de esas veces,
de repente,
a lo lejos distinguí una gaviota
de forma creciente,
que con enorme esfuerzo volaba
en mi siempre negro firmamento,
contra ese viento mío que corta y grita,
sobre ese mar de mis muertos y mi sangre,
bajo esas nubes mías que entusiasmadas tiritan
por el casi abocado desahucio de mi carne.
Pasando ante mí la incansable gaviota,
absorbiendo así mi atención,
hasta perderse en la lejanía,
sacándome de esta forma
una sincera sonrisa,
aunque algo extraña y rota,
al darme cuenta de que,
pese a todo,
como cuando era niño,
aún miro hacia donde vuelan las gaviotas.
son aplastados por las penas,
y sólo percibo tristezas,
en cada visión, en cada sonido.
Por ello, esas veces,
el viento corta con alaridos,
rajándolo,
el doloroso olvido de mi carne,
reviviendo a mis muertos
para matarlos de nuevo,
entre viejos recuerdos,
derramando así nueva sangre.
Sangre que inunda
el turbio mar de mis pupilas
llenándolas a ellas de desaliento
y de candentes ascuas mis heridas,
bajo nubes amenazantes
de un siempre oscuro firmamento
que en otro tiempo,
casi ya olvidado,
le sabía dar miles de nombres.
Así, una de esas veces,
de repente,
a lo lejos distinguí una gaviota
de forma creciente,
que con enorme esfuerzo volaba
en mi siempre negro firmamento,
contra ese viento mío que corta y grita,
sobre ese mar de mis muertos y mi sangre,
bajo esas nubes mías que entusiasmadas tiritan
por el casi abocado desahucio de mi carne.
Pasando ante mí la incansable gaviota,
absorbiendo así mi atención,
hasta perderse en la lejanía,
sacándome de esta forma
una sincera sonrisa,
aunque algo extraña y rota,
al darme cuenta de que,
pese a todo,
como cuando era niño,
aún miro hacia donde vuelan las gaviotas.
Última edición: