El errante fugaz
Poeta recién llegado
Recordar,
ver esa memoria turbia
que se dibuja en las tinieblas del pensamiento.
Viaje en el tiempo,
en instantes estoy en otro momento,
en otro lugar.
La subjetividad del recuerdo
moldea lo que fue
y con una punzada de nostalgia
me hace creer que las cosas fueron así.
Con mis ojos nublados
veo el sol golpear en las temerosas olas del río,
los barcos que dan pequeños saltos al ritmo del viento.
Me distorsiono en esos azules profundos de tu cara,
ese reflejo de tu sonrisa.
En mis cachetes siento la brisa pasar,
un aire cálido que anuncia el verano
que va a terminar.
Y sin espera, siento tus delicados labios
contra los míos.
Una traviesa corriente te despeina,
tu pelo abraza mi rostro
y las hojas cantan mientras golpean la antigua calle de piedra.
El reloj se detiene, mis ojos se cierran.
el péndulo de mi pecho palpita con fuerza,
el aire levanta mi liviano cuerpo
haciéndolo flotar, elevarse y caer
con la suavidad de una pluma.
Abro los ojos y la tosca visión de la realidad
arrolla el recuerdo, lo muerde,
lo tritura, lo hace trizas.
Fragmentos de este se desparraman frente a mí,
se escapan, se ensombrecen.
Estiro mis brazos,
la ansiedad de mis manos intenta atrapar
la memoria en fuga.
Es muy tarde ya,
solo pude agarrar un poco de mi recuerdo
que cada vez es más esquivo, más distante.
Entre mis dedos se escurre la historia de mi vida,
mi mente se empaña de nuevo.
Que difícil es recordar…
ver esa memoria turbia
que se dibuja en las tinieblas del pensamiento.
Viaje en el tiempo,
en instantes estoy en otro momento,
en otro lugar.
La subjetividad del recuerdo
moldea lo que fue
y con una punzada de nostalgia
me hace creer que las cosas fueron así.
Con mis ojos nublados
veo el sol golpear en las temerosas olas del río,
los barcos que dan pequeños saltos al ritmo del viento.
Me distorsiono en esos azules profundos de tu cara,
ese reflejo de tu sonrisa.
En mis cachetes siento la brisa pasar,
un aire cálido que anuncia el verano
que va a terminar.
Y sin espera, siento tus delicados labios
contra los míos.
Una traviesa corriente te despeina,
tu pelo abraza mi rostro
y las hojas cantan mientras golpean la antigua calle de piedra.
El reloj se detiene, mis ojos se cierran.
el péndulo de mi pecho palpita con fuerza,
el aire levanta mi liviano cuerpo
haciéndolo flotar, elevarse y caer
con la suavidad de una pluma.
Abro los ojos y la tosca visión de la realidad
arrolla el recuerdo, lo muerde,
lo tritura, lo hace trizas.
Fragmentos de este se desparraman frente a mí,
se escapan, se ensombrecen.
Estiro mis brazos,
la ansiedad de mis manos intenta atrapar
la memoria en fuga.
Es muy tarde ya,
solo pude agarrar un poco de mi recuerdo
que cada vez es más esquivo, más distante.
Entre mis dedos se escurre la historia de mi vida,
mi mente se empaña de nuevo.
Que difícil es recordar…