José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Recordar tu nombre cada noche
es una delicia
como los barcos a la deriva,
quieren llegar a la orilla;
o la tarde recibir
la sonrisa del ocaso
cuando va en su barquita
con su arcoíris en la mochila.
Soy tu sonrisa en las noches
de calma, en nuestro altar preferido,
llena de luz tu aura,
con aquella visión tenue
que el alma resucita,
con la suave brisa,
que entraba por aquella vaguada
donde el silencio anida.
Eres la luz que emite las ventanas
que me miran, como un resplandor
de otras tierras desconocidas,
No soy nada comparable
con tus dos oquedades brillantes,
como la luz de la aurora boreal
en un instante.
Tus nervios, tus dudas, tus ansiedades
no te dejaban dormir;
habitaban el mundo de las desgracias
pero un beso, una caricia,
hacía que volases a un mañana más feliz,
como las gacelas que escapan de los felinos
en la sabana.
Tú vienes a mí.
Tu amor tan lleno de ternura,
de esencia de flores aromáticas,
como un jardín balanceándose en tu cintura,
son las cosas bellas, que quiero recordar
en este vaivén del mundo, con sus pesares
y con sus amaneceres radiantes.