BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Recordaré siempre la explanada inmensa
y las manos cruzadas sobre el pantalón.
La escarcha de la madrugada,
y un atisbo de llamas de retamas, perfumando
la noche tranquila y dichosa. La voz de mi madre,
llamándome, desde el cielo azul, su silueta
clavada frente al castillo de origen árabe.
Los días tranquilos, las tardes apacibles,
la brisa fría de las estaciones cambiantes.
El olor de de las vainas vacías y húmedas,
el cansancio tras agotadoras jornadas.
Recuento feliz de memorias sigilosas,
el paso del tiempo, con las banderas sin
doblar ni vencer-.
©
y las manos cruzadas sobre el pantalón.
La escarcha de la madrugada,
y un atisbo de llamas de retamas, perfumando
la noche tranquila y dichosa. La voz de mi madre,
llamándome, desde el cielo azul, su silueta
clavada frente al castillo de origen árabe.
Los días tranquilos, las tardes apacibles,
la brisa fría de las estaciones cambiantes.
El olor de de las vainas vacías y húmedas,
el cansancio tras agotadoras jornadas.
Recuento feliz de memorias sigilosas,
el paso del tiempo, con las banderas sin
doblar ni vencer-.
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