Recuerdo de juventud

licprof

Poeta fiel al portal
nada que hacer, ningùn lugar adonde ir
masturbaciones y esa clase de cosas en un salòn en un subsuelo de un centro cultural:
un congreso de poesìa o algo por el estilo: recitales de poesìa y cosas por el estilo, talleres y asì, esas cosas
en un subsuelo, una tarde


concurso de poesìa, una tarde, lo ganò una niña y algo de dinero se llevò incluso: los poetas
votaban por otros poetas, una elecciòn reñida, toda una tarde durò aquel asunto, despuès
fuimos a comer pizza en una pizzerìa barata y berreta y charlamos vaya a saberse de què, no recuerdo, luego


fuimos a ver a un poeta, un taller de narrativa en el subsuelo de una librerìa, hernàndez si mal no recuerdo,
leyò unos cuentos, uno de roald dahl despuès caminamos por la avenida corrientes, ya era de noche,
siempre se trataba de esos subsuelos, sòtanos oscuros, antes de cromagnon: se descendìa a ellos mediante escaleras


allì bailàbamos o leìamos poemas en voz bien alta que era otra forma de bailar: el tango, la danza "en danza";
sòtanos o subsuelos donde bailàbamos tango y otros ritmos, cumbia por ejemplo: estaba buenìsimo porque era un excelente
pretexto para escuchar mùsica y moverse un poco con una hermosa entre tus brazos, una hermosa con quien podìas llegar a
hacer el amor
en algùn hotel cercano


en una cierta habitaciòn: sin embargo, durante las noches hicimos el amor en el parque centenario y sitios similares, pùblicos
cuando otrora no estaban enrejados y concesionados los parques y plazas a empresas privadas, por parte del estado


entonces en medio de la noche atravesaba el parque por el medio para ver a una hermosa dama en su casa a la noche
en medio de la soledad, atravesaba el parque desierto, la laguna disecada y artifical allì mismo donde habìa estado
el anfiteatro, tal vez, y se escuchaban òperas, luego del 55 lo sacaron obviamente, los ilustres "libertadores", creo


no importa, era en medio de la noche que atravesaba los parques por el medio como cortando camino
para llegar a la residencia de la hermosa que acaso me esperaba
para cenar una empanadas seguramente y hacer el amor
para al fin dormir entre mis brazos, sonriente


fue entonces, pero eso ya no sucede màs: estoy viejo, los àrboles han perdido todas sus hojas barridas por el viento
y asì se aprecia mejor su esqueleto, el laberinto de madera, si uno mira hacia arriba, en contrapicado


era en los cafès donde se jugaban otras cosas, la poesìa entre otras cosas, cortado mediante
o en pizzerìas iluminadas con luces dicroicas: allì leìamos nuestros humildes poemas
sin pensar demasiado y nos sometìamos a la crìtica implacable y literaria de nuestros congèneres
quienes no tenìan pelos en la lengua
y cultivaban un cierto coloquialismo sesentista, lo recuerdo perfectamente


metì la pata, es cierto, una y otra vez, en aquellas bibliotecas donde leìamos nuestros poemas, los sàbados o domingos
por la tarde: en aquellas tertulias literarias a la que eran invitados infinidad de poetas de todas las edades y credos,
a veces, me aburrìa enormemente, lo confieso, todo ese palabrerìo vacuo me ponìa los nervios de punta,
no obstante continuaba concurriendo a esos recitales de poesìa con micròfono abierto, incluso una noche
conocì a la nieta del poetastro famoso y municipal, ella tambièn poeta (no ya poetisa, eso no iba màs)
pero eso sì: surrealista a ultranza, surrealista hasta las ùltimas consecuencias


ya entonces recuerdo que adoraba las catacresis, los lugares comunes, las frases hechas, trilladas a màs no poder,
la lengua de madera de la que se nutrìan mis poemas


para no hablar del robador de libros: so pretexto de ordenar la biblioteca y colaborar en su archivo, se rapiñaba
los libros màs caros, las ediciones primeras e inconseguibles, incunables segùn èl, equivocadamente, por supuesto,
pero su alcoholismo podìa màs y sucumbìa a ese vicio, a falta de otros


eso durò algùn tiempo hasta que dejè de ir, y les perdì el rastro a todos aquellos poetas que escribìan increiblemente bien
pero cuyos poemas no me gustaban nada: los sentìa almibarados, demasiadas metàforas, demasiada poesìa, ademàs
ya no me quedò otra que ponerme a trabajar en serio, todo el dìa, ante la crisis econòmica que se avecinaba
y nos amenazaba con la ruina y el descrèdito total


no obstante, a veces jugaba ajedrez durante tardes enteras, como pasatiempo: un vicio reemplazaba al otro:
cuando no era el ajedrez o el cigarrillo, era el sexo bàsicamente, la prostituciòn, el sadomasoquismo y su parafernalia,
el onanismo sistemàtico, el tabaquismo, el alcoholismo, internet y otras menudencias parecidas


seguì viviendo: tambièn leìa libros, un libro tras otro y de vez en cuando escribìa algùn poema narrativo:
poemas prosaicos
poemas sin poesìa
poemas no poèticos
pero poemas al fin


asì transcurrieron aquellos dìas
asì se disipò mi juventud
 

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