[TABLE="width: 750"]
[TR]
[TD]Recuerdo tus pliegues y tus gestos
el devaneo previo; la cadencia de tu cadera
como corre el sudor por tu piel.
Al momento de apostar nuestros restos
en la alcoba y la pradera
cuando entregaste tu primera miel.
Recuerdo tu tacto, fiero, romántico.
Como se robó nuestro aliento
sin pensar, sin pausa.
Las olas se llegaron cual cántico
de todos los fuegos del asentimiento
cuando se hizo del amor una causa.
Recuerdo las gotas de carmín
que sellaron el pacto
al abrir tu alma y mi pecho.
Los prados se antojaron cual satín
y bordearon el espacio exacto
para convertirse en pecado y lecho.
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[TD]Recuerdo tus pliegues y tus gestos
el devaneo previo; la cadencia de tu cadera
como corre el sudor por tu piel.
Al momento de apostar nuestros restos
en la alcoba y la pradera
cuando entregaste tu primera miel.
Recuerdo tu tacto, fiero, romántico.
Como se robó nuestro aliento
sin pensar, sin pausa.
Las olas se llegaron cual cántico
de todos los fuegos del asentimiento
cuando se hizo del amor una causa.
Recuerdo las gotas de carmín
que sellaron el pacto
al abrir tu alma y mi pecho.
Los prados se antojaron cual satín
y bordearon el espacio exacto
para convertirse en pecado y lecho.
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