cristian44
Poeta recién llegado
¿Como pude arrancar del viento aquella sosegada mañana
en que pájaros de metal hundían su vomito
las calles llenas de misterio
por donde algún ínfimo roedor pastoreo con su elegancia los albores de una democracia?
quién iba a saber que los sables
tenían en sus fundas
el odio petrificado,
adormecido,
cual volcán de levas
que alguna vez el español doblegó
con su lanza la carne dura del riachuelo.
Se apagó la tierra de dos etéreos bombazos en la cara,
mutuo acuerdo de cuarteles y misteriosas alabanzas a la deriva…
Ahí , ahí mismo se sumergió el caballo de acero
aplastando la codicia de los elefantes,
ahí mismo
la sangre a borbotones se coló por los pasillos de mi conciencia y
no podía ver,
no pude las manos cortadas,
no pude ve el catre electrificado demandando traición,
no pude a mis once años la cal de los cuerpos en la playa,
¡oh noche de fuego!
y el sol en su noche las luces se apagaron, oscuridad remota que cortó la cuerda del terror.
Yo sabia que nadie tendría la sangre en la mesa o el dolor de una madre, maduré entre silencios de miedo que medio siglo después recordé.
en que pájaros de metal hundían su vomito
las calles llenas de misterio
por donde algún ínfimo roedor pastoreo con su elegancia los albores de una democracia?
quién iba a saber que los sables
tenían en sus fundas
el odio petrificado,
adormecido,
cual volcán de levas
que alguna vez el español doblegó
con su lanza la carne dura del riachuelo.
Se apagó la tierra de dos etéreos bombazos en la cara,
mutuo acuerdo de cuarteles y misteriosas alabanzas a la deriva…
Ahí , ahí mismo se sumergió el caballo de acero
aplastando la codicia de los elefantes,
ahí mismo
la sangre a borbotones se coló por los pasillos de mi conciencia y
no podía ver,
no pude las manos cortadas,
no pude ve el catre electrificado demandando traición,
no pude a mis once años la cal de los cuerpos en la playa,
¡oh noche de fuego!
y el sol en su noche las luces se apagaron, oscuridad remota que cortó la cuerda del terror.
Yo sabia que nadie tendría la sangre en la mesa o el dolor de una madre, maduré entre silencios de miedo que medio siglo después recordé.