Rei Regis Caceres
Poeta que considera el portal su segunda casa
Recuerdos de mi Tierra
(vivencias infantiles
en los campos
de Puerto Rico)
~
El casto manto que debajo encubre,
alejados pero vivos recuerdos
que yacen en los archivos de mi alma,
siendo ellos la luz y guion de mi ser,
que recordarlos decido una mañana
de camino por aquellos confines
.
Me conduce en la ruta mi fiel ángel.
de túnica organdí y alas de plata,
volando adelante hacia el pasado,
abriendo ventanas cerradas
que el moho sagrado del tiempo,
con su beso congeló las bisagras
.
Ya se avistan montes esmeralda,
verdes montes de exuberante ropaje,
entrañado en su seno tranquilos cafetales
que bajo yagrumos y caimitos frondes,
sus ramas, de granos preñadas,
le niegan al sol su beso atrevido
.
Me interno bajo una bóveda verde,
camino descalzo sobre la espesura
que es una blancura de escarcha tendida
y es la maravilla que sobre la yerba,
en la noche la mojó el rocío
.
Adelante, veo un racimo colgante,
ánfora fragante y de lustre amarillo,
manjar incitante para aves del monte,
turpiales, zorzales, jilgueros, sinsontes,
que en ese paraje apacible,
sonoro trinaban arpegios
.
Mi alma vibraba por las maravillas
que en ese verdor yo rememoraba
y muy insistente le dije a mi ángel;
! avanzad y mostrar más de esas maravillas
antes que la noche seduzca la tarde
y concluya el día¡
.
Un sendero seguimos que entre la maleza
tortuoso se arrastra cual mansa serpiente,
bajando hasta el valle de un río
que va murmurando en noble caída
su impaciente canto de amor suplicante,
a la mar amante que espera tranquila
.
El viento, alegre silbaba sobre los ramajes
de lanzas esbeltas implorantes al cielo,
de bambúes que grácil mecían
sus riostrados talles verde terciopelo,
cantando en concierto graves melodías
.
Mas allá, en el valle aledaño al río,
se funden variadas aromas
que viajan en cálida brisa,
primero, el aroma del culantro en flor
mezclado con humus del suelo mojado,
sensación vital que por mucho tiempo
en mi alma clama
.
De camino a la orilla del río,
ese amante del mar suplicante,
percibo otro aroma de rango exquisito
de los cundiamores que abriendo su pecho
carmín de semillas gustosos ofrendan,
a los colibrís que estallan zumbando
.
Dejando esa senda de fragante aroma,
avanzo entre albahacas y la yerbabuena
hasta situarme bajo el cielo raso
que forman hileras de pomarosales
a veras opuestas de larga cañada,
que baja hasta el río
.
El suelo esta espeso de las pomarosas,
que caen de las frondas de elevados techos,
cual lluvia de rosas,
perfumando el agua del río en caída
que avanza cantando su amor suplicante,
a la mar amante que espera tranquila
.
Ya galopa el corcel de la tarde,
seguimos andantes muy cerca del río,
sintiendo el alivio de malangas frescas
y los besos tiernos de coitres fríos,
que suman su aroma al de la floresta
en este universo de esplendido trazo,
y manso remanso para almas perdidas
.
El sol se evapora sobre las colinas,
la noche se ciñe su negro corpiño,
los morivivíes cierran sus pestañas
y lejos en valles y en la serranía,
todos los coquies unidos entonan
miles melodías
! Y exclamando dije; oh Dios,
vuestra creación no duerme,
de día esta despierta
y de noche dormita¡
.
Mi paso detengo a reflexionar,
henchido mi pecho lleno de alegría,
ante el esplendor que se manifiesta
en ese vergel de paz y armonía,
legado que guarda en su seno
mi tierra adorada y bendita,
! tierra Borinqueña¡
.
Mi ángel apremia a que regresemos,
volando cruzamos sobre la floresta,
el río murmura en noble caída
su impaciente canto de amor suplicante,
los coquies entonan miles melodías,
la noche tranquila porque en la mañana
llegara cantando la nueva alborada
.
Pregunto a mi ángel
sobre los misterios
que encierra la vida y me dijo,
en la creación todo es armonía,
el mar es el río la noche es el día,
el hombre es sal, agua, tierra,
canto de coquies y de ruiseñores
y en su psique, casto manto encubre
alejados y viejos recuerdos,
que en su ser habitan
.
RRegis
 
 
(vivencias infantiles
en los campos
de Puerto Rico)
~
El casto manto que debajo encubre,
alejados pero vivos recuerdos
que yacen en los archivos de mi alma,
siendo ellos la luz y guion de mi ser,
que recordarlos decido una mañana
de camino por aquellos confines
.
Me conduce en la ruta mi fiel ángel.
de túnica organdí y alas de plata,
volando adelante hacia el pasado,
abriendo ventanas cerradas
que el moho sagrado del tiempo,
con su beso congeló las bisagras
.
Ya se avistan montes esmeralda,
verdes montes de exuberante ropaje,
entrañado en su seno tranquilos cafetales
que bajo yagrumos y caimitos frondes,
sus ramas, de granos preñadas,
le niegan al sol su beso atrevido
.
Me interno bajo una bóveda verde,
camino descalzo sobre la espesura
que es una blancura de escarcha tendida
y es la maravilla que sobre la yerba,
en la noche la mojó el rocío
.
Adelante, veo un racimo colgante,
ánfora fragante y de lustre amarillo,
manjar incitante para aves del monte,
turpiales, zorzales, jilgueros, sinsontes,
que en ese paraje apacible,
sonoro trinaban arpegios
.
Mi alma vibraba por las maravillas
que en ese verdor yo rememoraba
y muy insistente le dije a mi ángel;
! avanzad y mostrar más de esas maravillas
antes que la noche seduzca la tarde
y concluya el día¡
.
Un sendero seguimos que entre la maleza
tortuoso se arrastra cual mansa serpiente,
bajando hasta el valle de un río
que va murmurando en noble caída
su impaciente canto de amor suplicante,
a la mar amante que espera tranquila
.
El viento, alegre silbaba sobre los ramajes
de lanzas esbeltas implorantes al cielo,
de bambúes que grácil mecían
sus riostrados talles verde terciopelo,
cantando en concierto graves melodías
.
Mas allá, en el valle aledaño al río,
se funden variadas aromas
que viajan en cálida brisa,
primero, el aroma del culantro en flor
mezclado con humus del suelo mojado,
sensación vital que por mucho tiempo
en mi alma clama
.
De camino a la orilla del río,
ese amante del mar suplicante,
percibo otro aroma de rango exquisito
de los cundiamores que abriendo su pecho
carmín de semillas gustosos ofrendan,
a los colibrís que estallan zumbando
.
Dejando esa senda de fragante aroma,
avanzo entre albahacas y la yerbabuena
hasta situarme bajo el cielo raso
que forman hileras de pomarosales
a veras opuestas de larga cañada,
que baja hasta el río
.
El suelo esta espeso de las pomarosas,
que caen de las frondas de elevados techos,
cual lluvia de rosas,
perfumando el agua del río en caída
que avanza cantando su amor suplicante,
a la mar amante que espera tranquila
.
Ya galopa el corcel de la tarde,
seguimos andantes muy cerca del río,
sintiendo el alivio de malangas frescas
y los besos tiernos de coitres fríos,
que suman su aroma al de la floresta
en este universo de esplendido trazo,
y manso remanso para almas perdidas
.
El sol se evapora sobre las colinas,
la noche se ciñe su negro corpiño,
los morivivíes cierran sus pestañas
y lejos en valles y en la serranía,
todos los coquies unidos entonan
miles melodías
! Y exclamando dije; oh Dios,
vuestra creación no duerme,
de día esta despierta
y de noche dormita¡
.
Mi paso detengo a reflexionar,
henchido mi pecho lleno de alegría,
ante el esplendor que se manifiesta
en ese vergel de paz y armonía,
legado que guarda en su seno
mi tierra adorada y bendita,
! tierra Borinqueña¡
.
Mi ángel apremia a que regresemos,
volando cruzamos sobre la floresta,
el río murmura en noble caída
su impaciente canto de amor suplicante,
los coquies entonan miles melodías,
la noche tranquila porque en la mañana
llegara cantando la nueva alborada
.
Pregunto a mi ángel
sobre los misterios
que encierra la vida y me dijo,
en la creación todo es armonía,
el mar es el río la noche es el día,
el hombre es sal, agua, tierra,
canto de coquies y de ruiseñores
y en su psique, casto manto encubre
alejados y viejos recuerdos,
que en su ser habitan
.
RRegis
 
 
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