Recuerdos de un viejo violin

msrojas

Poeta recién llegado
Mi violín me llama; mi violín me clama. Sus cuerdas delgadas son como mi esperanza por verte.
El sonido sofocante; no, mas bien delirante, me lleva a un mundo nostálgico, un sitio donde mi alma
sera desmembrada tejido por tejido.
Mis dedos reposan en la reluciente madera, deslizándose, navegando por las cuerdas infernales provocando ondas que repercuten en mi corazón una tras otra. Cada nota llora, aúlla, vocifera, se expresan con tremenda vehemencia demacrando mas el entorno de mi impío ser. Dan las doce de la madrugada. Dan las tres de la madrugada y mi alma aun sigue marchitándose en la imperdible escala de la soledad.
Los vecinos tocan a mi puerta con esmera frialdad, y dejando mi instrumento a un lado, salgo apresurado abriendo la puerta sin vacilar.

—Hola. ¿En que les puedo ayudar?—

—!En que dejes de tocar de una vez¡ Muchos tenemos que trabajar, ¿sabes?—

—Si vago—dijo una señora—ahora entiendo porque tu querida se marcho—

El semblante del ardiente musico decayó.

—Esta bien. Disculpen, no volverá a suceder—

—Eso espero—Volvió a exclamar la señora—pobre inútil.

Y así el impetuoso hombre en vez de perderse en la desenfrenada musica, se extravío en su agonía, en sus gemidos, bajo el manto de la desdichada oscuridad. La opresora, la que resguarda su corazón en la infeliz soledad.
Esa noche fue larga; sin la compañía de su melodica amiga, ¿que haría? ¿Acaso aguantar los incesantes azotes del verdugo? ¿Aguantar la mirada profunda y burlona de la luna? ¿Debería recuperar la cordura?

Y de esa manera fueron incontables noches. Por el día y parte de la oscura frialdad, manejaba el instrumento cabizbajo, creando sonetos que satisficieran mi sed nefasto e insípido del amor. Días tras día, semana tras semana, mes tras mes; hasta que por fin a complete un ferviente año.
Te doy las gracias, porque de no ser por ti, no habría podido encontrar refugio en esas cuerdas cegadoras.
De no ser por ti, no hubiera logrado manipular el violín a mi antojo. De no ser por ti, en este instante no seria alguien famoso.
Ahora, después de las desoladas noches; después de ese miserable infierno, he obtenido el corazón de miles, que digo de miles, quise decir de millones.
En este momento escribo esta elocuente reseña, para enviársela a un joven escritor que se ofreció en plasmar mi biografía.
Ya no soy mas: "el estúpido del violín". Vete por favor, no quiero tu suplicar falso; no quiero promesas que esperaba en el pasado.
 

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