BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las botellas que sirven de manivela
el bar a punto de explotar por acción
de unos cuantos borrachos, insomnes
que exigen cerveza a chorros, como si
cayera del cielo. Serrín por todas partes,
mostradores, barras, mesas, un nuevo
diálogo entre la dueña y la abuela, comienza.
Aquí nada es exacto. No sirven las mediciones
habituales. Todo es extremo, y tan desolador
como un puñetazo en el estómago.
Como los orines, que surgen como un emplasto
de la boca del desagüe. La mañana, la tarde,
todas son iguales: la España más atrabiliaria
se reúne en tropel, vestida de manada,
en cuanto entras.
©
el bar a punto de explotar por acción
de unos cuantos borrachos, insomnes
que exigen cerveza a chorros, como si
cayera del cielo. Serrín por todas partes,
mostradores, barras, mesas, un nuevo
diálogo entre la dueña y la abuela, comienza.
Aquí nada es exacto. No sirven las mediciones
habituales. Todo es extremo, y tan desolador
como un puñetazo en el estómago.
Como los orines, que surgen como un emplasto
de la boca del desagüe. La mañana, la tarde,
todas son iguales: la España más atrabiliaria
se reúne en tropel, vestida de manada,
en cuanto entras.
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