• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Recuerdos en el ocaso

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Allí donde los ojos de los ciegos se cierran
y la soledad reflexiva, viendo el sol ocultarse
entra en trance y, sólo quienes con el alma rota
logran apreciar su belleza, en el ocaso del día,
en ese lugar, muere el pensar de mis sutilezas.

El invierno lánguido ha venido a visitarme
con su capa de hielo blanca y
la rojez del cielo contrasta con la nitidez
que se divisa en el horizonte,
uniéndose al crepúsculo.

Soy un cuerpo en trance, como tú,
cuando me adormeces,
con tus ojos silentes, tu audaz y locuaz habla,
como hablan los pájaros a los árboles;
cuando se adormece el calor de la luminosidad
reinante.

Soy un terciopelo acolchado que se
acuesta en el mar cuando lo visita la oscuridad
de la noche fría, los miradores de tu belleza,
están muertos, de nada sirven,
sólo las hadas pueden contemplarte; desde la altura,
como vas lentamente viajando a la negrura.

Entonces, tu alma emerge en mi nostalgia
como una noche estrellada, ya no siento el relente
de tu humedad, ni las sirenas cantar tristes melodías,
has llegado tú, para borrar mi melancolía.

Tú, la que amo, la que amamanta mis noches,
ha hecho que llegue a mí, una quietud,
una ternura de dureza que antes no tenía;
este silencio nocturno que sacia la sequía
de mi vida.

Ha permitido caerme al vacío
de una felicidad inocente, que navega
por playas fértiles de alegría,
en la explosión de mi sensibilidad tardía.
 


Allí donde los ojos de los ciegos se cierran
y la soledad reflexiva, viendo el sol ocultarse
entra en trance y, sólo quienes con el alma rota
logran apreciar su belleza, en el ocaso del día,
en ese lugar, muere el pensar de mis sutilezas.

El invierno lánguido ha venido a visitarme
con su capa de hielo blanca y
la rojez del cielo contrasta con la nitidez
que se divisa en el horizonte,
uniéndose al crepúsculo.

Soy un cuerpo en trance, como tú,
cuando me adormeces,
con tus ojos silentes, tu audaz y locuaz habla,
como hablan los pájaros a los árboles;
cuando se adormece el calor de la luminosidad
reinante.

Soy un terciopelo acolchado que se
acuesta en el mar cuando lo visita la oscuridad
de la noche fría, los miradores de tu belleza,
están muertos, de nada sirven,
sólo las hadas pueden contemplarte; desde la altura,
como vas lentamente viajando a la negrura.

Entonces, tu alma emerge en mi nostalgia
como una noche estrellada, ya no siento el relente
de tu humedad, ni las sirenas cantar tristes melodías,
has llegado tú, para borrar mi melancolía.

Tú, la que amo, la que amamanta mis noches,
ha hecho que llegue a mí, una quietud,
una ternura de dureza que antes no tenía;
este silencio nocturno que sacia la sequía
de mi vida.

Ha permitido caerme al vacío
de una felicidad inocente, que navega
por playas fértiles de alegría,
en la explosión de mi sensibilidad tardía.

De la más profunda nostalgia suelen brotar los versos más hermosos y emotivos.
Me gustan los climas de tu poema y fue muy agradable leerte.
Te deseo una semana inspirada y feliz.
 


Allí donde los ojos de los ciegos se cierran
y la soledad reflexiva, viendo el sol ocultarse
entra en trance y, sólo quienes con el alma rota
logran apreciar su belleza, en el ocaso del día,
en ese lugar, muere el pensar de mis sutilezas.

El invierno lánguido ha venido a visitarme
con su capa de hielo blanca y
la rojez del cielo contrasta con la nitidez
que se divisa en el horizonte,
uniéndose al crepúsculo.

Soy un cuerpo en trance, como tú,
cuando me adormeces,
con tus ojos silentes, tu audaz y locuaz habla,
como hablan los pájaros a los árboles;
cuando se adormece el calor de la luminosidad
reinante.

Soy un terciopelo acolchado que se
acuesta en el mar cuando lo visita la oscuridad
de la noche fría, los miradores de tu belleza,
están muertos, de nada sirven,
sólo las hadas pueden contemplarte; desde la altura,
como vas lentamente viajando a la negrura.

Entonces, tu alma emerge en mi nostalgia
como una noche estrellada, ya no siento el relente
de tu humedad, ni las sirenas cantar tristes melodías,
has llegado tú, para borrar mi melancolía.

Tú, la que amo, la que amamanta mis noches,
ha hecho que llegue a mí, una quietud,
una ternura de dureza que antes no tenía;
este silencio nocturno que sacia la sequía
de mi vida.

Ha permitido caerme al vacío
de una felicidad inocente, que navega
por playas fértiles de alegría,
en la explosión de mi sensibilidad tardía.
Muy bueno José.
Un gusto pasar.
Abrazo grande!
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba